CONSEJOS DE BELLEZA PARA MUJERES MEDIEVALES




RECETAS MÁGICAS DE UN CIRUJANO FRANCÉS

Henri de Mondeville era un reputadísimo cirujano francés que nació en Emondeville en 1260, y falleció en París en 1320. Vaya por delante que su biografía está llena de éxitos y aciertos. Estudió en Francia e Italia, y dio clases en las Universidades de Montpellier y París, llegando a ser catedrático. Vamos que no era un cualquiera. Además ante la escasez de cadáveres, el buen hombre se molestaba en realizar dibujos para facilitar el aprendizaje a sus alumnos. Además se convirtió en uno de los médicos de la corte de Felipe IV de Francia, llamado el Hermoso ( creo que no gracias a él). Pero donde realmente destacó el de Mondeville fue en los nuevos métodos que aplicó en la cirugía de campaña, sus métodos para cortar hemorragias, extraer cuerpos extraños de las heridas, etc., hicieron de él uno de los mejores cirujanos militares de la Edad Media. Para acabar de completar su curriculum publicó varios tratados de medicina y una farmacopea (para entendernos algo así como un recetario de potingues).

Pero este buen médico no se conformó con eso, es decir, ser un buen médico; además se dedicó a dar consejos de belleza y salud a sus contemporáneas...y ahí es donde digamos que no estuvo muy acertado.En su libro "Cyrurgia" escribe sobre las mujeres que por decencia deben ocultar sus grandes pechos:

"Algunas mujeres incapaces o poco dispuestas a recurrir a un cirujano, o por no revelar su indecencia, hacen en  sus camisetas dos sacos proporcionados a sus pechos, pero más bajos, y los ponen cada mañana, comprimiéndolos tanto como pueden con una venda conveniente. Otras, como las mujeres de Montpellier, los comprimen con túnicas apretadas y cordones..."

El buen cirujano ya nos ha enseñando dos cosas interesantes: La primera es que las mujeres pechugonas son unas indecentes, o lo que es lo mismo lucir escote si este es muy generoso no estaba muy bien visto, y lo segundo es que  para remediar esto, a ellas lo mejor que se les ocurre es el anti-wonderbra, comprimir, apretar, etc, en lugar de ponerse en sus expertas manos.

Después de este pasaje en su libro recomienda diversos métodos para la reducción del pecho, y da como remedios entre otros untárselos con agua de rosas o vinagre. Vale chicas, no se si funcionará, pero el segundo sistema es económico, y el sobrante se puede usar en la ensalada. Nunca se plantea la posibilidad de que alguna quisiera aumentárselos de tamaño, por impensable en la época, vamos que era una auténtica gorrinería.

Hasta aquí nuestro reputado cirujano se mantiene dentro de unos límites tolerables, aunque muchos hombres actuales y supongo que algunas mujeres no estemos muy de acuerdo con él. Pero donde realmente se "columpia" a lo bestia es en sus magníficos consejos de belleza. Según él hay magníficos métodos de depilación, por ejemplo con pinzas, con cal viva, con los dedos untados en pez, y el mejor...agujas calientes clavadas en el bulbo piloso  (¡Anda pero si ya inventó la depilación láser!) . Claro que el mismo reconoce que a veces estas curas de belleza causaban quemaduras, y entonces recomendaba el muy ladino que de ninguna manera los maridos debían enterarse de los métodos que empleaban sus señoras. Pero ¿cómo explicarle al esposo las más que evidentes quemaduras? Solución salomónica de Mondeville: Se busca a quien echarle la culpa, y para eso están los sirvientes. Pues nada, se le dice al maridito que la doncella se pasó al calentar el agua del baño.

Hay quien dice que para estar guapos hay que sufrir, pero creo que Mondeville se ha pasado. Con el bigotillo quemado, apestando a vinagre, y los pechos comprimidos como morcillas las mujeres medievales decididamente no iban a triunfar en las pasarelas de hoy en día.

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