INDIANA JONES ERA ITALIANO


BELZONI, EL TITÁN DE PADUA

Giovanni Batista Belzoni (1778-1823) nació en Padua, pero a los dieciséis años obtuvo permiso para trasladarse a Roma. En Roma con ayuda de personas generosas realizó algunos estudios de ingeniería hidráulica. En sus primeros años parece haber oscilado entre hacerle caso al ángel o al diablo de encima del hombro, vamos que se planteó hacerse monje, y estuvo a punto varias veces de entrar en prisión. Viendo que en Italia la situación no era muy estable, decidió buscar nuevos horizontes.

El muchacho ha crecido, ya mide 2 metros y es de constitución digamos que robusta,  vamos una "mala bestia". Se plantifica en Londres con intención de hacer fortuna, pero haciendo ¿que? Pues exhibiciones de fuerza en circos, ferias y demás. Dicen que hacía juegos acrobáticos. Con tamaña embergadura no puedo ni imaginar que clase de juegos hacia el muchacho. Durante dieciséis años de 1798 a 1814 recorrió Francia, Holanda, Inglaterra, España y Portugal luciendo habilidades. Pero sólo consiguió ganarse el apodo que ya le acompañaría siempre "El titán de Padua". Cansado de tanto músculo, en 1815 se embarca desde Malta con destino a Egipto.

¿Qué va a hacer en Egipto? ¿Derribar camellos a puñetazos? ¿Cargar borricos a las espaldas?¡Qué va! Eso quedó atrás. Falsifica una carta de presentación y se hace recibir por el terrible Pachá Mahammed Alí. Se ha trasmutado en un ingeniero hidráulico que va a presentar una maravillosa maquina de su invención que revolucionará el sistema de regadío en Egipto. Se le solicita una prueba de la rueda en el jardín del pachá y el resultado como era de esperar es nefasto. De forma que se le pone de patitas en la calle y sin dinero.

Y aquí comienza su carrera como "arqueólogo". Vale, vale, de arqueólogo no tenía ni el nombre, pero vamos igualito que Indiana Jones. Se puso al servicio de un coleccionista de antigüedades que le contrató para saquear tumbas. Como él dice: "El propósito de mis investigaciones era robarles a los egipcios sus papiros".

¿Cómo era un día de trabajo para Belzoni? Llegaba a la tumba o lugar a espoliar, entraba en contacto con los aldeanos contratando todos los que pudiera. Tomaba notas describiendo el lugar que iba a explorar, y luego penetraba en las tumbas, donde según él no todo el mundo puede soportar dicho esfuerzo pues les sería imposible soportar el aire sofocante que además causa mareos; esto viene provocado por dos factores: la enorme cantidad de polvo que te ahoga y para lo que necesitas una gran capacidad pulmonar, y el apestoso tufo a momia...

"En algunos lugares  el espacio libre no sobrepasa los veinte centímetros y hay que atravesarlo agachado, a gatas, rozando el cuerpo contra piedras puntiagudas  y tan cortantes como el cristal. Una vez que se han atravesado estos corredores...se llega a lugares más cómodos, a veces suficientemente altos para sentarse en ellos. Pero ¡que sitio para descansar, rodeado de cuerpos, de momias amontonadas en todas las direcciones, produciéndome un terrible espanto hasta lograr por fin acostumbrarme a ellas!   La negrura de la pared, la luz tenue por falta de aire de las velas y las antorchas, los diversos objetos que merodeaban y que parecían conversar entre sí y los árabes que sostenían las velas y antorchas, desnudos y cubiertos de polvo, como si fueran momias vivientes... Tras el esfuerzo de entrar en semejante lugar...busque un lugar de descanso y cuando lo encontré me senté en él; pero al caer mi peso sobre el cuerpo de un egipcio, lo aplastó como si se tratará de una sombrerera . Busqué con las manos algún apoyo, pero al no hallarlo me hundí por completo entre la momia rota, entre un crujir de huesos, andrajos y féretros de madera, y levantando una polvoreda que me mantuvo paralizado durante un cuarto de hora esperando a que desapareciese. No podía, sin embargo, levantarme de aquel lugar sin aumentarla, y a cada paso espachurraba alguna de las momias. En una ocasión fui conducido...a través de un corredor hasta otro muy parecido...Estaba atestado de momias, y no pude pasar sin que mi cara se viese en contacto con la de algún egipcio putrefacto; pero ante el declive del corredor, mi propio cuerpo me sirvió de ayuda, aunque no pude evitar el verme cubierto de huesos, piernas, brazos y cabezas que venían rodando desde arriba. Y así avancé desde una cueva a otra, todas llenas de momias amontonadas en diversas posturas, algunas de pie o reclinadas y otras vueltas del revés. La intención de mis  investigaciones era robarle a los egipcios sus papiros, algunos de los cuales encontré escondidos en los pechos, bajo los brazos, entre las nalgas, o en las piernas, y cubiertos de telas dobladas que envolvían a las momias."
Pues sí, esto era un típico día de oficina del amigo Belzoni. Es difícil imaginarse a un individuo de dos metros evolucionando entre momias putrefactas para sacarles sus papiros del culo, no si al final la arqueología no va a ser tan divertida. Sus aventuras las dejó recogidas en un libro con capítulos con títulos totalmente suculentos: ""Asaltado por una banda de árabes, amenazado por dos piamonteses al servicio del señor Drouetti" ( éste último rival en el expolio)"Peligro al avanzar hacia el Cairo", "Fusilada por un soldado- una joven dama es fusilada por un soldado", "Los nativos huyen de mi atemorizados" ( ¿Por qué sería?¡A lo mejor llevaba una pierna de momia en cada oreja!) "Dificultades con los nativos" ( Lo sorprenderían manipulando culos de momias), "Intento robar un barco" ( esto es de lo más normal, vamos, digo yo), "Sorprendido por una hiena". Y no sigo porque lo de este hombre es de comenzar y no acabar. 

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