SURREALISMO PREHISTÓRICO

LA CUEVA DE LOS SUEÑOS OLVIDADOS



Título Original: Cave of forgotten dreams


Año: 2010


País: Francia


Duración: 95 min.


Dirección: Werner Herzog





En 1994 se descubría en Francia una de las cuevas con arte rupestre prehistórico más interesantes del mundo, la cueva de Chauvet. Cerrada al público para evitar el deterioro de las más de 400 pinturas que decoran sus paredes, la cueva permanece abierta sólo para un selecto grupo de investigadores. El afamado director Herzog sonsigue colarse en ella para filmar un personalisimo documental, donde pretende explorar la gruta, sus pinturas, y el origen del alma humana. 

Criticar una obra del intocable Herzog, que además fue premiada por los críticos en diversos festivales, parece una osadía, pero es que su visionado provoca todo tipo de reacciones (menos las alérgicas, al menos de momento). Que el señor Herzog es un tanto especial haciendo cine, todos lo sabemos, que puede ser un genio, también, pero que a veces se le va "la pinza", pues porque negarlo. 

El documental arranca con la expedición del equipo cinematográfico en las entrañas de la tierra, y poco a poco nos va desvelando los secretos pictóricos de la gruta. En un arranque clásico, y un tanto anodino, se nos muestran, eso sí, imágenes impactantes de las pinturas y de las formaciones calcáreas de la propia caverna. Hasta ahí el documental discurre por las pausadas aguas de lo didáctico, sin estridencias, con suavidad y morosidad, sin provocar ni frío ni calor en el espectador. Pero cuando el director, escritor y narrador del documental comienza a sacar conclusiones, a presentarnos a expertos, y a derivar en temas altamente "trascendentes", el documental se convierte en surrealismo puro.

De Chauvel saltamos a hablar con personajes que rozan lo esperpéntico, hoy diríamos frikis. El director en sus charlas con el equipo de científicos filma escenas que envidiarían los hermanos Marx: el flautista disfrazado con pieles de reno, que insiste en que imaginemos a sus espaldas el valle poblado de mamuts y bisontes, mientas circulan los coches tras él, y toca el himno de los Estados Unidos con la flauta prehistórica es digno del famoso camarote; los esfuerzos del experto por enseñarnos el lanzamiento con propulsor, mientras el propio Herzog se pitorrea del pobre paisano, rozan los límites de lo absurdo; pero si alguien aún duda del surrealismo de los invitados, que se fije y siga las evoluciones del olisqueador oficial, sí, sí, nada menos que un maestro perfumero que se dedica a recorrer la cueva olfateando cual sabueso tras esquiva presa, según él para captar las esencias de la prehistórica: los olores de los animales, de las maderas quemadas, de resinas... (supongo que alguna que otra emanación gaseosa), aunque más que nariz lo que tiene son ojos, que lo acercan más a búho que a perfumero. Para finalizar se nos regala con un postsript a modo de epílogo con unos cocodrilos albinos preciosos que había que meter como fuera aunque no vinieran al caso, pero ya se sabe cuando las idioteces las hace un genio se llaman genialidades.

A pesar de lo dicho, la hermosura de la cueva se impone, las imágenes impactantes, el arte rupestre, los dibujos de los diferentes animales, llenan nuestras retinas, y ahí sí, Herzog, hace lo que sabe hacer bien, filmar. Si obviamos los intentos de filosofar, de seguir los elucubraciones a veces poco profesionales de los supuestos expertos, y nos centramos en la belleza de las representaciones, acompañadas por una música en general adecuada, y con una magnífica iluminación, entonces entendemos que el documental a pesar de la duración de sus desvaríos haya sido premiado en Toronto, Berlín, Nueva York, etc. Si además nos tomamos las intervenciones del arqueólogo circense y sus amigos como interludios cómicos, podemos disfrutar un rato de un extraño documental que suscita más preguntas que las que contesta.

GUERRA DE SEXOS EN LA PREHISTORIA

LA HIJA DE CIERVO ROJO


Título Original: Daughter of the Red Deer


Autor: Joan Wolf


Año de Publicación: 1991


País: Estados Unidos











En los Pirineos franceses coincidiendo con el último período glaciar la joven Alin se prepara para realizar los rituales de fertilidad de su tribu, el clan matriarcal del Ciervo Rojo. Ese año sin embargo la ceremonia no va a salir como estaba previsto, el joven Mar, de la tribu del Caballo, encabeza una expedición destinada a conseguir mujeres. Los hombres de la tribu del Caballo han perdido a sus esposas e hijas, y los jóvenes no tienen mujeres con quienes perpetuar la continuidad del clan; la única salida que se les ocurre es el secuestro de las muchachas del Clan del Ciervo Rojo. Alin y sus compañeras son conducidas a la fuerza al hogar de Mar, pero a pesar del éxito de la expedición masculina, los acontecimientos no se van a desarrollar como ambas partes esperaban.

La escritora americana especializada en novela romántica inicia con "La hija del ciervo rojo" una trilogía ambientada en la Prehistoria europea que se conoce con el nombre genérico de "Los cazadores de renos." Según palabras de la propia autora la narración se desarrolla hace catorce mil años en pleno Magdaleniense en la zona del valle del Vézère, en una región que presenta un considerable número de yacimientos prehistóricos y cuevas decoradas. La famosa cueva de Lascaux se convierte así en la cueva sagrada del clan del Caballo, y la de Le Tuc d´Audoubert en la del clan del Ciervo Rojo.  Salvo escasas pinceladas sobre el arte rupestre o la fauna local y su caza pocos datos más aporta la narradora sobre la Prehistoria.

Joan Wolf es una escritora de novelas románticas americanas, y se nota. El argumento está sacado directamente de "Siete novias para siete hermanos", o si queremos buscarle la raíz clásica, del famoso rapto de las sabinas. De manera que la originalidad brilla por su ausencia. Al desarrollarse la narración en los albores de la Humanidad podríamos pensar que la vida del Cro-Magnon iba a estar perfectamente retratada, pero la intención de la autora está muy lejos de eso. El tema central es una auténtica guerra de sexos con una mujer prehistórica verdadero adalid de las feministas más recalcitrantes que haría las delicias de la mismísima Pankhurst. Lo que comienza como una defensa de las bondades del régimen matriarcal deviene luego en una edulcorada historia de amor más propia del siglo XX que de tiempos tan lejanos (más dados al "aquí te pillo aquí te mato" que a delicados cortejos).

La novela en sí es de fácil lectura y digerible con cierta rapidez. Es un best seller que hizo las delicias de un sector femenino, y que a la mayoría de los lectores masculinos dejó más o menos indiferentes. Se puede leer para pasar el rato pero sin que nadie se espere encontrar una introducción novelesca a la interesante cultura magdaleniense. Siguiendo la estela de la serie de J.M. Auel se pretende explotar las andanzas de una mujer prehistórica, sus amoríos, y su lucha por conservar el sistema matriarcal de gobierno frente a los insidiosos intentos de los poco espabilados varones empecinados en imponer su machismo retrogrado. Algunas de las frases vertidas por la autora en esta lucha de sexos harán rechinar los dientes a más de un lector del genero masculino, aunque finalmente la escritora nos ofrezca una especie de solución salomónica llegándose a una entente cordial que contente a unos y  a otros.

En definitiva y como conclusión: Machos ibéricos y de otros nacionalidades (si es que aún quedáis) absteneros de leer esta novela a riesgo de sufrir una embolia; el resto tomar esta novela como lo que es: un entretenimiento ligero sin demasiadas pretensiones. Románticas empedernidas y convencidas de que con la fuerza de su amor podrán cambiar los indignos hábitos del mozo aficionado a los vapores etílicos y a soeces gestos que incluyen la emisión de ruidos desagradables y rascamientos varios, ¡Éste es vuestro libro! Aterosaradlo como oro en paño y convertidlo en libro de cabecera: En serio, lo disfrutareis.       

Y ELLAS TAMBIÉN MANDARON EN EL SIGLO XX

MUJERES EN EL PODER EN EL SIGLO XX Y SUS DOBLES EN EL CINE

Si hemos visto como hubo mujeres que gobernaron o al menos no se dejaron gobernar en todas las épocas de la historia, el siglo XX con el movimiento de liberación femenino no podía ser una excepción. El cine no dejó escapar las historias de estas mujeres que marcaron una época, y que cambiaron el destino de muchas de sus compatriotas.

Wan Rong (1906-1946) La que es conocida como "última emperatriz de China podría, a priori, parecer el ejemplo perfecto de gobernante en femenino, pero la realidad es que el gozar de los privilegios del poder estropeó su vida: un marido homosexual, el asesinato de su hija, y el opio, terminaron por llevarla a una espiral trágica que concluiría con su muerte por desnutrición debida a la abstinencia con sólo 39 años. El cine tiene en la obra de Bertolucci "El último emperador" (1987) la más interesante aproximación al personaje, aunque con inexactitudes, interpretado por Joan Chen.

Eva Duarte Perón  (1919-1952) Actriz y política argentina. Hablar de Eva Perón es hablar de una leyenda en Argentina. Su activa participación en la vida política y social de este país marcó un antes y un después.  Hasta en la muerte Evita fue un personaje excepcional, y el rocambolesco secuestro de su cadáver en 1955 da una idea del poder e influencia que tenía en su país. La pequeña y gran pantalla han plasmado los episodios de su vida dentro y fuera de Argentina. Hasta Madonna se atrevió a protagonizar un musical sobre su vida. En la Miniserie "Carta a Eva" (2012) Julieta Cardineli interpreta a Eva Perón.

Coco Chanel (1883-1971) La diseñadora de moda francesa aunque no fue gobernante en ningún país fue incluida por la revista "Times" entre las 100 personas más influyentes del siglo XX. De contradictoria biografía durante la Segunda Guerra Mundial, aún se debate su verdadero papel en la misma. El cine y la televisión le han dedicado más biografías que a algunas gobernantes. En "Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel"(2009) Audrey Tautou interpreta a la modista.

Clara Campoamor (1888-1972) Política española que peleó por los derechos de la mujer, y fue fundamental a la hora de conseguirse el sufragio universal en España en 1931. Diputada antes que electora nunca obtuvo el reconocimiento que se merecía. La televisión le dedicó una magnífica miniserie en el año 2011, "Clara Campoamor, la mujer olvidada", en la que Elvira Minguez interpreta magistralmente a la sufragista.


Golda Meir (1898-1978) Fue primer ministro de Israel. La primera mujer en alcanzar este cargo en el Estado hebreo había nacido en Ucrania y su fuerte carácter le ganó el sobrenombre de "La dama de Hierro de Oriente Medio".  La televisión le dedicó una serie biográfica "Una mujer llamada Golda"(1982) que supuso la última interpretación de la maravillosa Ingrid Bergman.
Grace Kelly (1929-1982) Princesa de Mónaco que antes de casarse con el príncipe Rainiero protagonizó diversas películas en Hollywood. Grace Kelly se mostró al mundo con la cenicienta del siglo XX, la bella actriz que conquista al príncipe encantado, y lo deja todo por amor, y para gobernar en su compañía un pequeño principado europeo.  Impulsora de un nuevo Mónaco, Grace se presentó al mundo como el mejor reclamo publicitario para atraer turistas e inversionistas al mini reino. Su vida de cuento, seguramente no lo fue tanto, pero el cine y la prensa del corazón se encargaron durante mucho tiempo de hacernos creer en él. Recientemente el cine la ha elevado casi a la categoría de heroína épica en "Grace"(2014), film en el cual la actriz Nicole Kidman se empecina en convertir a la princesa en una suerte de superheroína sin disfraz que defiende al principado de los malvados franceses. (¡Cochinos gabachos que le queréis quitar el reino a mi niña, con lo bonita que ella es!)

Indira  Gandhi (1917-1984) Política de la India que llegaría a Primer ministro de su país, aunque nada tuviera que ver con el otro gran padre de la patria india salvo el apellido. Para algunos una heroína nacional, para otros como los sijs el enemigo a batir. Asesinada a tiros, su muerte aún provoca controversia en su país, donde recientemente se ha prohibido un film que ensalzaba como héroes a sus asesinos. El cine prácticamente ha ignorado a una de las mujeres más poderosas e influyentes del siglo XX, y tendremos que esperar a próximos films pendientes de estreno para ver alguna caracterización interesante del personaje, mientras nos conformaremos con Sarita Chowdhary en "The Widow" como la irreductible líder.

Wallis Simpson (1896-1986) La duquesa de Windsor esposa del antiguo rey Eduardo VIII. Fue la mujer que provocó un terremoto social en el Reino Unido. Amante del rey cuando aún estaba casada con su segundo marido, se convirtió en esposa de Eduardo, pero no sin que éste tuviera que renunciar antes al trono. Su influencia en la Inglaterra de los años 30, sus coqueteos con el partido nazi durante los años de la guerra, la convirtieron en una figura controvertida en la que realidad y leyenda se han ido mezclando hasta hacer indistinguible el personaje real del que la ficción ha querido crear. Films, telefims, series, miniseries, han seguido a la polémica duquesa con interpretaciones tan variopintas como contrapuestas desde la trágica enamorada a la fría manipuladora. En el denostado film de Madonna "W.E."(2011) Andrea Riseborough interpreta a la señora Simpson (nada que ver con Bart) 
 

Jackie Kennedy (1929-1994) Primera dama de los Estados Unidos. Jackie representó en la década de los 60 a la nueva mujer americana (de clase alta, por supuesto). No podemos decir si gobernó a través de sus maridos o no, pero que tuvo la habilidad primero de casarse con el hombre que tenía posiblemente el máximo poder mundial,el presidente de los USA, John Kennedy, y luego, a su muerte, volver a casarse está vez con el hombre con mayor poder económico del mundo, Aristóteles Onasis, es decir que le gustaban ricos y poderosos. La reina sin corona de los americanos ha dado para series, miniseries, peliculas, telefilms, y todo lo que se nos pueda ocurrir. Ginnifer  Goodwind la interpreta en el telefilm "Matar a Kennedy"(2013)

Teresa de Calcuta (1910-1997) "La madre de los pobres" no fue emperatriz, ni reina, ni princesa, ni siquiera una empresaria de éxito, sólo un diminuta monja perdida en un inmenso país, India. No la rodeaban ni los lujos, ni la riqueza, ni príncipes encantados o amantes millonarios; la inmundicia, la pobreza, y los más desfavorecidos fueron su compañía. Sin embargo esta mujer ha sido en el siglo XX una de las personalidades que más han influido en su entorno. Quienes la conocieron afirmaban que había un antes y un después de conocer a la madre Teresa. Su personalidad no es lo suficiente atractiva para el cine o la televisión que prefiere el morbo y el lujo, aún así alguna biografía suya se ha deslizado en las pantallas como "Madre Teresa: En el nombre de los pobres"(1997) con la actriz Geraldine Chaplin en el papel protagonista.


Diana de Gales (1961-1997) "Lady Di", la Princesa de Gales, primera esposa del príncipe Carlos, heredero al trono de Inglaterra, fue una de las mujeres más influyentes de su época. Su cuento de hadas convertido en pesadilla, sus amores y su implicación en campañas humanitarias la hicieron "la Reina de Corazones" de la prensa amarilla. Su trágica muerte sacudió al mundo por sus dramáticas circunstancias. Pronto surgieron los fanáticos de las conspiraciones con elaboradas teorías que convirtieron a "Lady Di" en leyenda. El cine y la televisión dedicaron a la princesa variados films y telefilms de escaso interés, hasta llegar al 2013 en donde Naomi Watts interpretó una convincente princesa en "Diana"

Soraya Esfandiary (1932-2001) La segunda esposa del último Sha de Persia, de la que el mandatario iraní se tuvo que divorciar por la infertilidad de la misma. Fue conocida como la "princesa de los ojos tristes. En sus memorias llegó a a afirmar que su divorcio fue provocado con falsos informes médicos para separar al Sha de su influencia forzándole al divorcio. Los italianos realizaron una miniserie titulada "Soraya"(2003) protagonizado por Miss Italia 1995 Anna Valle.


Margaret Thatcher (1925-2013) Política inglesa que llegó a primera ministra del Reino Unido durante la década de los ochenta, gobernando las díscolas islas con mano de hierro. La "Dama de hierro" fue todo un icono para una generación de mujeres en occidente, demostrando sin dejar ni un resquicio a la duda que las mujeres podían gobernar tan bien o tan mal (según se mire) como los hombres. Aún hoy "Thatcher" es sinónimo de mujer fuerte y mandona. "La dama de hierro" (2012) es una película interpretada por Meryl Streep centrada sobre todo en su decadencia final cuando la edad y la demencia senil habían derrotado a la inquebrantable líder.


Isabel II (1926- ) La actual Reina de Inglaterra lleva camino de alcanzar el longevo reinado de Victoria I, de forma que su larga permanencia en el trono ha marcado toda una época. Respetada por los ingleses, pero no tanto por los no británicos, el cine ha encontrado en ella un filón para las parodias, las comedias, y alguna que otra película seria." La reina" (2006) quedará como el film que mejor retrataba a una reina más humana, y Helen Mirren, la actriz que la interpretaba, tuvo mucho que ver en ello.
Winnie Mandela (1936- ) Esta política sudafricana, ex esposa del líder Nelson Mandela, es por si misma una auténtico huracán político. Sus métodos expeditivos para enfrentarse a opositores y enemigos le granjeó primero el respeto de los suyos, y luego la repulsa internacional. Pero Winnie no se limitó a ser la mujer tras el líder, fue ministra de Arte y cultura de su país, y presidente de la Liga de Mujeres del ANC. Jennifer Hudson se mete en la piel de la combativa líder en "Winnie"(2011)

Sofía de Grecia (1938- ) Reina de España por su matrimonio con Don Juan Carlos I. Luego de la abdicación del hasta hace poco monarca de España, muchos se preguntarán cuál fue el verdadero papel de la reina todos estos años. Doña Sofía siempre se presentó como el contraste de su regio esposo: fría y distante frente a la francachonería del Borbón; cerebral y comedida  frente a la espontaneidad del rey. Mientras crecía la popularidad de uno, la otra dejaba a los españoles indiferentes. Pero con los años esto cambió, las gracias del desbocado monarca dejaron de resultar simpáticas a un país en crisis, y la contención y aguante de su esposa le ha granjeado a la ex-reina una consideración entre sus antiguos súbditos que posiblemente ni toda su labor en pro de la cultura y las obras sociales le habían conseguido en todo el reinado. Pero como dijo Marquina a través del capitán Diego de Acuña: "España y yo somos así, Señora". Las miniseries televisivas centradas en los personajes de la monarquía reciente de España nos han dejado unas cuantas interpretaciones de la reina Sofia. "Sofia, la historia de amor de la Reina"(2011) tiene a Nadia de Santiago como una joven Sofia.

ASUNTOS DE FAMILIA

LA RED BONAPARTE

En una época en la que está tan de moda hablar de los políticos y sus corrupciones, en la cual cualquier mandatario se cree con derecho a usar las instituciones públicas para colocar a familiares y allegados, tenemos la tendencia a olvidar que eso no lo han inventado ellos, y no es que quiera justificarlos; pero es que el nepotismo - que así se llama la difundida práctica - viene de atrás.

Un ejemplo y paradigma de nepotismo, es decir darle cargos y empleos a familiares y amigos sin importar los méritos, fue el gran Napoleón Bonaparte, que estableció un auténtica red de clientelismo a su alrededor, disponiendo de cargos y reinos que repartía entre familiares y amiguetes con una alegría que sólo ha encontrado parangón en nuestros actuales dirigentes que se comportan como pequeños bonapartes en sus particulares feudos. Echémosle un vistazo al organigrama familiar de Bonaparte, auténtica inspiración de nuestros "honrados" mandamases.

La Familia

Napoleón Bonaparte (1769-1821). ÉL. A la cabeza de toda la red está por supuesto, él. General, Primer cónsul, cónsul vitalicio, fueron sus primeros pasos hasta desembocar en el definitivo: Emperador de los franceses en 1804, y Rey de Italia en 1805. Sus andanzas por toda Europa a la conquista de territorios que repartir son demasiado conocidas para entrar aquí en ellas. Su insaciable afán de conquistas no se si tendría que ver con la numerosa cohorte de familiares que dependían de él, pero parecería como si quisiera buscarles un apañito a todos ellos. Sus movimientos de tropas cambiaron el mapa de Europa y la manera de entender la política en este territorio que él intentó hacer uno solo. Como es lógico su mujer compartió el título de emperatriz.

Leticia Ramolino (1750-1836). La Mamma. Todo clan que se precie tiene una matriarca, en el caso de los Bonaparte fue Leticia. Viuda con ocho hijos, la madre de Napoleón siempre fue todo un carácter. Poco dada a los fastos de su hijo, prefería mantenerse lejos de la vida política de su país, aunque no de la económica. Fue la única persona a quien Napoleón reconoció como superior a él: "Cuando ella muera sólo me quedarán inferiores." No acumuló grandes títulos, además de Princesa de Francia, se le concedió el de Su Alteza Imperial, madre del Emperador. Por el contrario con las riquezas no sucedió igual. Rodeada de banqueros e inversores se labró una fortuna personal inmensa, comprando joyas, obras de arte, y todo lo que pudiera transformase en líquido por si venían mal dadas. "Ojala que dure" solía ser su frase favorita.

José  (1768-1844) Pepe Botella. El mayor de los Bonaparte y uno de los favoritos de su madre, fue abogado y embajador de su hermano antes de que éste le nombrase Rey de Napoles (1806-1808), reino y cargo que cambió por el más lucrativo de Rey de España (1808-1813). No parece cierto que fuera tan aficionado al tintorro como los españoles llegamos a creer, pero sí a las mujeres y a apropiarse de lo ajeno. Su famoso "equipaje" iba cargadito con las joyas de la corona española y las obras de arte expoliadas, la venta de las cuales le permitió darse la buena vida en los Estados Unidos, donde vivió a cuerpo de rey..."abdicado", con lujosa mansión incluida llena de obras de arte, libros raros, y estanque, todo pagado a costa de su último reino.    

Luciano (1775-1840)  La Oveja Negra. Toda familia tiene un hijo rebelde que les sale atravesado, y se sale de lo normal, que además suele ser el favorito de su mama. Bueno, pues ese, era Luciano. Opuesto a muchas de las ideas de su hermano, se auto exilió en Francia, y llegó a rechazar los títulos imperiales, e incluso un matrimonio que le convertiría en rey de Etruria. Llegó a vivir en Inglaterra, lo que fue visto por su hermano como una auténtica traición, y se le llegó a borrar de la familia. Posteriormente hubo una reconciliación, y se le concedió el título de príncipe. En 1814 en Italia se le otorgaron diversos títulos como los de Príncipe de Canino, Conde de Apollino, Señor de Nemori, y Príncipe de Musignano, aunque curiosamente concedidos por el Papa. Nada mal, para un rebelde.

Elisa (1777-1820) La Lengua Viperina. La mayor de las hermanas Bonaparte tenía fama de no callarse ni debajo del agua, y se enfrentaba hasta con el emperador. Su nombre era María Anna, pero no debía de gustarle mucho, y se lo cambió por el apodo de Elisa. Fue nombrada por su hermano, Condesa de Campigniano, Princesa de Lucca y Piombino en 1805, y Gran Duquesa de Toscana, además de tener el título de Su Alteza Imperial. Gobernó sobre Toscana desde 1807 hasta 1814. Su marido Félix Baciocchi también se benefició de las prebendas concedidas por su cuñado, y aunque en los reinos de su esposa, ésta apenas le dejaba mandar, su carrera militar y política se vio impulsada y  además de senador llegó a general de brigada.

Luis (1778-1846) El Bueno. Obligado a casarse con la hija de la emperatriz Josefina, Hortensia, habida de su anterior matrimonio, Luis fue recompensado por su hermano con el reino de Holanda. El buenazo de Luis llegó en 1806 a su reino, y quiso ganarse a sus súbditos con unas palabras en holandés, así en lugar de presentarse como el rey de Holanda, se presentó como el "conejo" de Holanda; a pesar de ello a los holandeses les cayó en gracia. En 1810 se negó a entregar tropas holandesas a su hermano, y este forzó su abdicación. Para los holandeses fue Luis I el Bueno. También fue nombrado conde de Saint-Leu, y en 1810 como premio de consolación Condestable de Francia, título que no le otorgaba ningún poder. Le solicitó a su hermano la devolución de su trono, pero Napoleón se negó siempre. Su hijo sería el futuro Napoleón III.

Paulina (1780-1825) El pendón. La favorita del emperador y más querida fue también la que más problemas le dio con su conducta licenciosa. Con 17 años la casan, después de numerosos amantes, con un general amigo de su hermano, Leclerc; pero el matrimonio no la moderó y siguió cambiando de amante como de vestido. Muerto su marido en 1802, Napoleón la casa con un príncipe italiano, Camilo Borghese en 1803. Si el emperador pensaba en calmar los ardores de su hermana se equivocaba, siguió protagonizando escándalos, posando desnuda para Canova,  acostándose con soldados, y gastando a manos llenas. Fue princesa consorte Borghese, de Sulmona y Rossano; princesa de Francia; y nombrada también por su hermano duquesa y princesa de Guastalla. A pesar de todo fue la única de sus hermanos que visitó en Elba a Napoleón, y empeñó su fortuna para ayudarle. Quiso ser enterrada en el panteón de la familia Borghese entre Papas y con su mejor vestido. Disfrutó hasta el final de lujos y amantes.

Carolina (1782-1839) La ambiciosa. Encaprichada de un general de su hermano, Murat, se casó con él en 1800 a pesar de la oposición inicial de Napoleón. Calificada como celosa de Josefina, extravagante, caprichosa, y ambiciosa, la pequeña de las hermanas Bonaparte consiguió para su marido títulos y posición que ella compartió: Gran Duquesa de Berg y Cleves, y Reina de Nápoles de 1808 a 1815. Sus enfrentamientos con las esposas de su hermano son antológicos, llegando a buscarle una amante al emperador para demostrar que Josefina era la que era infértil, y forzando así el divorcio. Con la segunda esposa de su hermano no le fue mucho mejor. Pero cuando Napoleón fue derrotado aconsejó a su marido que pactara con sus enemigos para poder mantener el trono de Nápoles. Ya viuda en el exilio en el imperio austríaco adoptó el título de Condesa de Lipona (anagrama de Napoli). Uno de sus descendientes es el actor René Auberjonois

Jerónimo (1784-1860) El inútil. El pequeño de los Bonaparte pronto dio muestras de gustarle más las fiestas y los líos que la política o el mundo militar. En 1800 tuvo que salir de la Guardia Consular por verse implicado en un duelo. En 1803 afincado en Estados Unidos decide casarse con una rica heredera, cosa que le sienta fatal a su hermano que tenía planes para forjar alianzas con las casas reales en Europa por medio de matrimonios. Napoleón obligó a Jerónimo a divorciarse, y éste al verse privado de los privilegios y el dinero imperial, aceptó. Como premio se le casó con una princesa alemana, y se les concedió como regalito de bodas el Reino de Westfalia en 1807, y en él se mantuvo hasta 1813. Además de despilfarrar el dinero y obedecer en todo a su hermano, poca cosa más hizo por sus atribulados súbditos. En la campaña de Rusia de 1813 fue puesto al frente de un cuerpo del ejército, y fue tan desastroso, que su propio hermano lo destituyó. Aún tuvo un segundo momento de esplendor cuando su sobrino Napoleón III llegó al poder, y así el inútil de Jerónimo volvió a acumular cargos: Gobernador de los Inválidos, mariscal de campo, y finalmente Presidente del Senado. Además fue Príncipe de Montfort y Príncipe de Francia.

Cardenal Joseph Fesch (1763-1839) El tiíto. El medio hermano de la madre de Napoleón era todo un personaje: especulador, arribista, pirata, y finalmente "modélico" religioso. Su afán por acumular títulos y escalar puestos en la jerarquía eclesiástica sólo fue superado por su afición por las obras de arte que le convirtió en una auténtica ave de rapiña a la hora de hacerse con ellas. Perdida su vocación durante "el Terror" (era eso o perder la cabeza), la recuperó con la llegada al poder de su sobrino: nombrado Arzobispo de Lyon en 1802, seis meses después se le nombró cardenal, y en 1803 embajador de Francia en Roma. Como reconocimiento a sus servicios se le concedió la Legión de Honor, un asiento en el senado, y en 1806 fue nombrado coadjuntor del principe-obispo de Regensburg, y sucesor del mismo. Mientras seguía acumulando pinturas del gótico italiano, de Ticiano, Bellini, o Boticcelli; pintura holandesa, etc., atesorando más de 16.000 cuadros, y una considerable colección de esculturas.

Josefina (1763-1814) La Primera esposa. La historia de Josefina y Napoleón es muy conocida, como para abundar en ella aquí, sólo comentar que no fue tampoco ajena a los premios, títulos y prebendas con que el emperador regalaba a sus allegados. Emperatriz, Reina de Italia, Reina de Navarra fueron los títulos que compartió con su esposo mientras fue su consorte. Tras el divorcio no dejó de gastar y vivir de forma suntuosa a costa del erario público, hasta el punto que su ex-marido, ahora financiador de sus dispendios, llegó a afirmar que lo único que les separaban eran las deudas de Josefina.

María Luisa (1791-1847) La segunda esposa. La hija de Francisco I de Austria fue obligada a casarse en 1810 con Napoleón con el fin de darle un hijo y heredero. Compartió el título de emperatriz con su esposo, y a la derrota de éste, se fue a vivir con su padre a Austria llevándose a su hijo Napoleón con ella. En 1814 se le concedieron los ducados de Parma, Piancenza y Guastalla, que gobernó hasta su muerte, ya que le fueron confirmados por el Tratado de Viena. Fue de los pocos miembros de la familia que conservó el poder, claramente para contentar a su padre. De forma que esta superviviente se benefició de la época napoleónica, y de la era que le sucedió; pues aún llegó a casarse dos veces más, y a su gusto (Se debió de considerar que la pobre ya se había sacrificado bastantes).

Joaquín Murat (1767-1815) El Cuñado. Este hijo de un posadero que dejó los estudios de teología por el ejército, llegó a general con Bonaparte, y al apoyarlo en su golpe de estado se convirtió en uno de sus más importantes colaboradores. Nombrado comandante de la guardia consular, su carrera da un salto cuantitativo cuando se casa con la hermana de Napoleón, Carolina. Asciende a Comandante de la Primera División Militar, gobernador de París, y en 1804 Mariscal y Gran Almirante. En 1806 se recompensan sus servicios con el título de Gran Duque de Berg . En 1808 se convierte en el comandante de los ejércitos de España y Gobernador de Madrid, pero se frustra su intento de ser rey de España por su fracaso ante el levantamiento de mayo. Como premio de consolación se le nombra rey de Napoles. Allí desarrolla una política de "cambiachaquetas", y nunca volvería a gozar del favor imperial. Cuando lo fusilaron pidió que no le dispararan al rostro.

Los Allegados.

Juan A. Junot (1771-1813) La Mano izquierda. El que en un tiempo fue considerado "la mano izquierda" de Napoleón durante la campaña de éste en Italia, pronto pasa a ser menospreciado por casi todos. Si bien inicialmente era un valeroso y frío militar, una herida en la cabeza cambió su carácter, volviéndole impulsivo, agresivo, y un poco desequilibrado.  A pesar de ello Napoleón lo asciende a coronel, general de brigada, aunque le niega el mariscalato, algo que le sienta fatal al impetuoso militar. Nombrado embajador en Portugal, su carrera queda asociada a este país; aunque vuelve a París donde es nombrado Comandante de la ciudad. Se mete en líos, duelos, peleas, y acumula deudas sin fin; para acabar de rematarla se lía con la hermana de Napoleón y esposa de Murat, Carolina, y por poco no se tiene que batir en duelo con éste. El emperador tapa todas sus meteduras, pero le aleja de la corte. Por su campaña en Portugal es nombrado duque de Abrentes, pero cada vez está más desequilibrado. Apartado por Napoleón en 1813 se tira por un balcón, y sólo se rompe una pierna, aunque luego la herida se infecta y ocasiona su muerte.

Luis Alejandro Berthier (1753-1815) La mano derecha. Eficaz e imprescindible, este militar se convirtió en imprescindible para Napoleón, quien siempre lo consideró su mano derecha. Con el Consulado, Napoleón le confía el Ministerio de Guerra. A la proclamación del Imperio, Berthier recibe el título de Primer Mariscal de Francia. Hecho duque de Valengin en 1806, Príncipe de Neuchatel, y un año después Vice-Condestable de Francia. En 1809 Napoleón lo casa con María de Baviera y lo nombra Príncipe de Wagram. Pero con la Restauración comienza el declive, a pesar de reconciliarse con Luis XVIII que le nombra Par de Francia. Cuando Napoleón intenta su regreso, sus lealtades están divididas, duda, se mantiene a la espera,  y pierde la confianza de los dos bandos. En 1815 se cae, se tira, o lo tiran desde una ventana. La mano derecha tampoco sobrevive a la caída.

Luis Nicolás Davout (1770-1823) El Invicto. Davout fue nombrado Mariscal por Napoleón  en 1804. En 1808 Napoleon lo hizo Duque de Auerstädt En 1809 sus repetidas  victorias al servicio del emperador fueron premiadas con el Principado de Eckmühl, al menos en este caso merecido, puesto que fue de los pocos mariscales que se retiró sin perder una batalla en 1813, lo cual no impidió que se rindiera en Waterloo a pesar de la superioridad de sus fuerzas. Fue de los pocos generales en no jurar a los Bórbones en la primera Restauración. Cuando Napoleón volvió de Elba fue nombrado Ministro de la Guerra. Con la derrota se retiró a sus tierras de Savigny-Sur-Orge en 1815, y en 1822 fue nombrado alcalde de esta localidad.

Juan Bautista Bernadotte (1764-1844). El traidor.  Bernadotte se casó con la cuñada de José y antigua novia de Napoleón, Desiré, en 1798, y aunque no apoyó el golpe de Estado de Napolón con el advenimiento del Imperio fue nombrado Mariscal. Entre 1804 y 1805 gobernó Hanover, y recibió, como recompensa a sus servicios prestados en la zona, el Principado de Ponte Corvo en 1806. Nombrado gobernador de los pueblos Hanseáticos participó en la campaña contra Suecia. Entonces se hizo popular en Suecia, por su conducta con los presos. Tildado de envidioso e intrigante por los bonapartistas, fue elegido por el rey de Suecia como posible sucesor a la corona, temiendo un futuro ataque ruso, y viendo que el ejército necesitaba un militar capaz al frente. Napoleón consideró la oferta un absurdo y la rechazó. Pero el mariscal Bernadotte decidió aceptar la propuesta y en 1810 se presentó en Suecia, donde se le nombró Príncipe y pasó a controlar la política exterior del país. En 1813 se alió con Inglaterra y Prusia en contra de Francia. Trazó planes de defensas de los aliados, y llegó a enfrentarse a sus antiguos camaradas Oudinot y Ney. En 1818 fue proclamado rey como Carlos XIV Juan de Suecia y III de Noruega. Aquel que en su cuerpo llevaba tatuado "Muerte a los reyes" se convirtió él mismo en el iniciador de una dinastía.

Miguel Ney (1769-1815) El rubicundo. El pelirrojo Ney era hijo de un tonelero que comenzó su carrera como dependiente y vendedor, pero pronto se pasó al ejército donde se convirtió en uno de los militares mejor valorados por sus compañeros. Es su mujer, íntima amiga de la hija de Josefina, quien le anima a unir su destino al de Napoleón, y el militarote simpático y franco que en principio no veía con buenos ojos al corso, se volvió uno de sus más fieles mariscales. El hosco Napoleón quedó impresionado con Ney a quien nombra mariscal en 1804. En 1808 será nombrado Duque de Elchingen. Durante la campaña de Rusia la extrema valentía del arrojado Ney le ganan la admiración de todos. Su emperador le nombra Príncipe de Moscova, título que no le valdrá de mucho cuando los rusos quemen su capital. Moriría ejecutado en 1815 tras pasarse a Napoleón en su regreso de Elba.

Andrés Massena (1758-1817) El corrupto. Massena es nombrado mariscal por Napoleón en 1804 a pesar de ser un militar que no gozaba de las simpatías de sus soldados e iguales. El emperador sin embargo ve en él habilidades para la batalla y las aprovecha. Le encarga la conquista de Napoles, y Massena la realiza, pero con gran crueldad, eso y las acusaciones de corrupción hacen que sea destituido. En 1807 lo vuelve a utilizar en la campaña de Polonia, que desempeña con gran éxito ganándose el título de Duque de Rivoli, una nueva acusación de corrupción, y de nuevo una destitución. En 1809 vuelve a estar al mando en la campaña del Danubio contra los austríacos a quienes aplasta.. Ahora es elevado a la categoría de príncipe, Príncipe de Essling. Enviado a Portugal vuelve a hacer de las suyas, y de nuevo se le destituye. Al final se le nombra comandante local de Marsella de donde ya no se movió. Con la Restauración y la fuga de Napoleón, Massena se queda tranquilamente en su puesto sin hacer nada. Nadie le mueve de allí. Cuando le llaman para juzgar a Ney tras la derrota de Waterloo, no lo duda.

Napoleón colocó a familiares y amigos en puestos de importancia, recompensó servicios y fidelidad con títulos y condecoraciones que aparejaban rentas, territorios y beneficios. Repartió Europa como si fuese su jardín particular: Francia, España, Italia, Alemania...sólo eran porciones de una tarta que repartía a su antojo. Ducados, ministerios, y altos cargos fueron distribuidos entre aliados y amigos: Talleyrand, Cambacéres, Fouché, Lannes, Villeneuve, Marmont, su amigo de la escuela Bourrienne fueron algunos de los que recompensó, utilizó, o le utilizaron a conveniencia. Desgraciadamente años después los recursos de las naciones no han dejado de ser esquilmados por gobernantes prepotentes que los reparten entre familiares y amigos como si fueran suyos y no de todo un pueblo.