SER EMPERADOR Y MORIR

MORIR EN ROMA
La muerte de Tiberio.J.P. Laurens. 1864
La imagen que en general se tiene de la Antigua Roma, sobre todo del período imperial, suele ser muy estereotipada, orgías y bacanales sin fin, emperadores rodeados de sumisas esclavas ligeras de ropa y pantagruélicos e interminables banquetes donde todo estaba permitido. Los emperadores romanos se nos aparecen como déspotas acostumbrados a gozar de todos los placeres sin dar cuentas a nadie en una vida cómoda que llevó a su nación al declive y la ruina, es decir como nuestros gobernantes actuales pero vistiendo túnica. Sin entrar en complejas desmitificaciones, si vamos a hacer un repaso al final del reinado de unos cuantos de estos "reyes" que no pudieron o supieron abdicar a tiempo, para demostrar que al revés que en nuestros días, podía no ser tanto chollo mandar en Roma. Sabiendo que sin pruebas y con la lejania y disparidad de criterios entre las fuentes y los historiadores, vamos a repasar algunas imperiales muertes.

Desde el principio del Imperio acabar un reinado solía ser una labor ardua, complicada, y generalmente poco agradable para el emperador saliente: envenenamientos, suicidios forzados, apuñalamientos, descuartizamientos, ahorcamientos, ahogamientos solían ser las formas habituales de abandonar el poder (Hoy sales en la televisión, dices que te vas, y arreando. Algo hemos mejorado)

Asesinato de Domiciano. Lazzaro Baldi.S. XVII
Ya hubo dudas sobre la muerte del que se considera el primer emperador de Roma, Augusto (27 a.C.-14 d.C.), supuestamente envenenado tras comer unos higos que el mismo recogía del árbol, pero que previamente habían sido hábilmente pintados con la sustancia letal. Seguramente Octavio Augusto murió en su cama tranquilamente, pero su sucesor Tiberio (14-37) posiblemente no tuvo tanta suerte, aunque enfermó, parece ser que sanó para disgusto de quienes lo rodeaban que decidieron ahogarlo antes de que se recuperase. De la que no cabe la menor duda es de la muerte de Calígula (37-41), apuñalado con ensañamiento por su propia guardia pretoriana harta de sus locuras y tonterías. Al tío del anterior, Claudio (41-54) le perdió su afición a las setas, que su amable esposa le preparó con una receta mortal. Nerón (54-68) viéndose acorralado y temiendo lo que le iban a hacer se suicidó, o mejor le suicidaron. A la muerte del emperador Nerón comienza una lucha por el poder en el que se suceden distintos emperadores que gobiernan unos pocos meses y que terminan sus días bastante mal: Galba, degollado por un soldado; Otón, se suicidó apuñalándose en el corazón; Vitelio, acuchillado por la turba. La nueva dinastía iniciada por Vespasiano comienza bien pero termina mal, así su segundo hijo Domiciano, retoma la costumbre de dejar el poder por las malas, es decir, después de dejar morir a su hermano Tito de unas fiebres exponiéndolo desnudo a la intemperie (eso dijeron las malas lenguas), el mismo fue apuñalado en un complot palatino.

Narciso ahogando al emperador Comodo.
El final del primer siglo de Historia de Roma se salda con unos cuantos asesinatos, pero inaugura una época de paz, donde los emperadores mueren de muerte natural, y que supondrá un paréntesis entre tanta liquidación extrema. Será Cómodo (180-192), último de los Antoninos quien retome las viejas costumbres, primero intentan envenenarlo y luego lo ahogan en el baño. Y de nuevo se desata la lucha por el poder con una sucesión de pretendientes al trono y a una muerte desagradable: Pertinax, asesinado por los pretorianos; Didio Juliano, asesinado por orden del Senado; Piscenio Niger, decapitado por los soldados; Clodio Albino, muerto en combate. Entre todos ellos se alza Septimio Severo, que inaugura dinastía y muerte pacífica, no así su hijo Caracalla (211-217), muerto con una jabalina en la espalda en situación harto complicada (Ver mi artículo sobre la muerte del emperador), a su asesino y sucesor Macrino (217-218) no le fue mejor, y los soldados le decapitaron, para poner en su lugar a Heliogábalo (218-222), un auténtico pájaro cuyas locuras merecen un lugar aparte, y que adivinen como terminó: pillado en las letrinas en brazos de su mama, desnudado, arrastrado y decapitado. Al primo del anterior Alejando Severo (222-235) no le fue mejor y sus soldados amotinados lo apuñalaron y decapitaron.
El emperador Valeriano ante Sapor I. Relieve persa. Iran
Con el fin de la dinastía de los Severos comienza lo que se ha dado en llamar el período de la Anarquía Militar o de los emperadores soldados, y como era de esperar si su vida no iba a ser tranquila imaginad sus muertes. Para resumir 50 años con 26 emperadores, 24 acaban de muerte violenta, y dos de muerte natural, claro está eso sin contar los usurpadores.Vamos con la macabra lista: Maximino el Tracio (235-238), asesinado por sus soldados, junto con su hijo Maximo (238); Gordiano I y Gordiano II (abril 238) padre e hijo, el hijo muerto en combate, el padre se ahorcó al saber la muerte de su hijo; Pupieno y Balbino (abril-julio 238), emperadores senatoriales nombrados para enfrentarse al tracio, asesinados por sus pretorianos; Gordiano III (238-244), nieto y sobrino de los otros Gordianos, asesinado por orden del jefe de los pretorianos, y sucesor suyo, Filipo el Arabe (244-249) muerto en batalla contra su sucesor, y a su hijo Filipo II (249), con solo 12 años le dieron muerte los pretorianos. Decio (249-251), quien a su vez fue traicionado y abandonado por los suyos cuando combatía contra los godos, que poco antes habían matado a su hijo y coemperador Etrusco (251). Treboniano Galo (251-253) asesinado por sus propias tropas, junto con su hijo y coemperador Volusiano (251-253). Emiliano (253), aunque suene repetitivo, sí, asesinado por sus propias tropas. Valeriano (253-260), capturado por los persas tras una traición de los suyos (¡Qué raro!), fue utilizado por el rey persa Sapor I como diversión, lo usaba como taburete para subirse al caballo, hasta que se cansó y le hizo tragar oro fundido. Galieno (260-268) degollado en un complot, urdido entre otros, como no, por el prefecto del pretorio y por su sucesor. Quintilo (270), se suicidó cortándose las venas para evitar males mayores. Aureliano (270-275) decidido a luchar contra la corrupción, una alianza de cortesanos corruptos que incluían a su secretario personal y a su guardia le dieron pasaporte en forma de cuchilladas.
Muerte de Aureliano.
Tácito (275-276), asesinado; Floriano (276), asesinado por sus tropas; Probo (276-282), lo mismo que el anterior, asesinado por sus legionarios (¡Se ve que eran de cuchillo rápido!). Caro (282-283), fulminado por un rayo, o eso dijeron porque fue una muerte sin aclarar. Numeriano (283-284) asesinado por su suegro (si cuando no son los que te tienen que defender es tu propia familia). Carino (283-285) asesinado por un tribuno celoso y cornudo (éste al menos tiene el dudoso honor de morir por crimen pasional).

Batalla del Puente Milvio. P. Lastman. 1613
Con semejantes antecedentes los emperadores de Roma tenían que aprender unas cuantas lecciones: No fiarse mucho del ejército, fiarse aún menos de la guardia pretoriana, tener mucho cuidado con la familia, y encargarse de eliminar o al menos tener controlados a los sucesores. Con esa última idea en mente, el nuevo emperador Diocleciano (284-305), se inventa un nuevo sistema la Tetrarquía, que implica compartir el poder. Como era de esperar el sistema no contentó a ninguno, y todos acabaron enfrentándose entre sí, y por supuesto falleciendo de forma violenta, dicen que el propio Diocleciano ya retirado, se suicidó al ver el fracaso de su invento. Mientras tanto la sucesión de emperadores, augustos, cesares, y demás zarandajas es continua: Maximiano, ejecutado; Severo II, ejecutado; Maximino Daya, torturado y envenenado; Majencio, ahogado en el río al huir tras ser derrotado en la batalla del puente Milvio; Licinio y su coemperador Martiniano, ejecutados. Para finalmente alzarse con el poder Constantino el Grande (306-337). Por supuesto los sucesores de Constantino se tomaron muy en serio lo de no fiarse de la familia: Constantino II murió en combate contra su hermano; Constante, asesinado por los partidarios de un ursupador, y el tercer hijo de Constantino, Constancio II se dedicó a limpiar a todo posible familiar con posibilidades de heredar el trono, menos a uno que se rebeló contra él, Juliano II (361-363), quien murió en combate contra los persas.

Y la muertes lejos de cesar continuaron hasta el fin del Imperio Romano de Occidente. Joviano (363-364) murió asfixiado mientras dormía por unos vapores tóxicos en un desafortunado¿accidente? Graciano (367-383), fue asesinado por rebeldes. Valentiniano II (375-392), fue ahorcado simulando un suicidio por su ayuda de cámara, el mismo encargado de protegerlo, que puso en su lugar a un emperador títere, Eugenio (392-394) un profe de gramática, que más le valía haber seguido con sus clases, porque acabó ejecutado. Proclamado en Roma un tal Juan (423-425), pues sí hubo un emperador romano con dicho nombre, su final: le cortaron una mano, lo pasearon desnudo, lo exhibieron en el hipódromo, y luego tras unas cuantas perrerías más, lo decapitaron. Valentiniano III(424-25) morirá victima de un complot urdido por su sucesor Petronio Máximo (455), aunque a éste  la dicha no le duró más de un mes, muriendo a manos del pueblo. A Avito (455-456) le hicieron abdicar para hacerse monje, claro que no le valió de mucho, pues hay quien dice que le sometieron a una cura de adelgazamiento extremo, vamos que le mataron de hambre (Sospechoso: Ricimero). Mayoriano (457-461) también fue forzado a abdicar por sus soldados, para cinco días después morir posiblemente envenenado por Ricimero (¡JuanCa cuidado que las abdicaciones son muy malas para la salud!). En lugar de el anterior, Ricimero colocó a Libio Severo (461-465) que murió también presuntamente envenenado, ¿por quién? Sí, por ese mismo...¡Ricimero! Antemio (467-472) tuvo la audacia de enfrentarse al jefe militar más importante de Occidente y hacedor de reyes, y claro acabó ejecutado por orden de...¡Ricimero! (No era muy aconsejable tenerlo como amigo). Julio Nepote (474-480) para muchos el último emperador murió asesinado por sus soldados, y Rómulo Augústulo (475-476) nunca reconocido por el Imperio de Oriente, fue obligado a abdicar (está de moda la abdicación) y a un retiro forzoso donde se le pasaba una pensión y nunca más se supo de él.

Muertos apuñalados, acuchillados, envenenados, intoxicados, asfixiados, quemados vivos, decapitados, ahogados, despedazados, tragando oro fundido, asaetados, alancelados, de hambre, desmembrados, fueron algunas de los agradables tránsitos al otro mundo de los todopoderosos emperadores romanos. Esposas, hermanos, amantes, criados, ayudantes, secretarios, jefes del pretorio, hombres de confianza, soldados, tíos, sobrinos, suegros y demás familia, hasta un marido cornudo, fueron también el grupo de selectos asesinos de los que se rodearon los gobernantes de la Antigua Roma. De todo ello deducimos que gobernar en Roma no era muy beneficioso para la salud, e incluso el abdicar, podía no ser una solución.

LOS PAPIROS DEL ESCLAVO

EL SÉPTIMO SELLO DE LA PIRÁMIDE

Título Original: The Seventh Scroll

Año: 1999

Nº de Episodios: 3 (267 min.)

País: Estados Unidos/Italia

Director: Kevin Connor

Reparto: Wilfried Baasner, Jeff Fahey, Karina Lombard, Katrina Gibson, Phillip Rhys, Roy Scheider, Lászlo I. Kish, Art Malik, Jeffrey Licon, Tony Musante

Marco Temporal: S. XVIII a.C.

Marco Espacial: Egipto



Nick Harper es un buscavidas que se dedica a expoliar yacimientos en Egipto, una especie de arqueólogo mercenario a quien de cuando en vez piden ayuda los verdaderos arqueólogos. En esta ocasión una pareja Duraid y su joven esposa Royan, quienes tiene un hijo algo especial Hapi, solicitan la colaboración de Harper tras descubrir unos papiros en una antigua tumba egipcia, que revelan una interesante historia. Pero un magnate de las telecomunicaciones obsesionado con el Antiguo Egipto va a intentar adueñarse del descubrimiento.

En el Egipto previo a la invasión de los hicsos, el faraón Mamoses busca una nueva esposa que perpetúe la dinastía. El esclavo Taita va a ir contando a través de un diario escrito en papiros, los acontecimientos de los que será testigo de primera mano. Eternamente enamorado de la hija de su amo, la bella Lostris, asistirá impotente a su matrimonio con el anciano faraón a pesar de estar enamorada del joven Tanus.

La narración se estructura en dos tiempos que se entremezclan a lo largo del discurrir de la serie: Uno en la actualidad con las aventuras del pseudoarqueólogo Nick Harper y la damisela en apuros correspondiente; y el otro en el Egipto del siglo XVIII a.C., a punto de ver el desmoronamiento del llamado Imperio Medio. 

Si bien la serie está basada en el libro del, en su día, aclamado escritor de best seller sudafricano Wilbur Smith "El Séptimo papiro y sus continuaciones, la versión televisiva se aparta bastante de los libros. La introducción del niño adoptado con raíces mágico-místicas con el Antiguo Egipto, y los elementos fantásticos consecuentes lastran bastante la narración cuando no caen en el más espantoso ridículo. Es en la parte dedicada a la actualidad donde más se aprecian los defectos y sorprendentemente la falta de ritmo narrativo. Si esperaban captar al televidente con las aventuras de esta suerte de Indiana Jones venido a menos, se equivocaron. Los actores no convencen, algunos están absolutamente ridículos, y si se lo hubieran tomado con un poco más de seriedad, hoy sería una serie de culto, en su lugar algunos pululean por la pantalla como si estuvieran de vacaciones. El niño es realmente insufrible, y los malos son de opereta. A veces dan ganas de avanzar la parte dedicada a ellos para pasar a lo que realmente interesa.

Y ese es el acierto de la serie, la parte de la narración dedicada al Antiguo Egipto, que sin ser un prodigio de realización televisiva, si tiene mayor interés que la parte dedicada a la actualidad. Art Malik es su papel del esclavo Taita, narrador, testigo, y protagonista de los acontecimientos es el hilo conductor a través del cuál asistimos al fin de una época, y a las bases del nacimiento de un nuevo Egipto. La aparición del caballo introducido por los invasores del norte, la nuevas y eficaces armas que les darán la victoria a los hicsos, el poder de los sacerdotes, el agotamiento de un sistema anquilosado frente al empuje de los extranjeros llegados del Mediterráneo, nos hacen olvidar algún que otro desliz, y por supuesto la otra parte de la historia.

"El Séptimo sello de la Pirámide", sin llegar a ser una magnífica serie televisiva, entretiene, siempre y cuando nos olvidemos del despeinado saqueador de tumbas y de las idioteces místico culebriles y fantasmagóricas que de cuando en vez azotan nuestra paciencia. Tampoco es que tengamos tantas series sobre el Egipto faraónico para elegir, así que de momento nos conformaremos con esta miniserie. 

TRES ILOTAS EN FUGA

THREE


Título Original: Three

Guionista: Kieron Gillen

Dibujante: Ryan Kelly

Año de Publicación: 2013-2014

País: Inglaterra/USA

Marco Temporal: 364 a.C.

Marco Espacial: Grecia





Es el año 364 a.C. Esparta ya no es lo que era. Tras perder la batalla de Leuctra, la antigua gran potencia del Peloponeso ha perdido casi toda Mesenia, y sus apoyos en la península griega. La moral de los antiguamente orgullosos espartanos está en horas bajas. Pero son tres insignificantes ilotas, dos hombres: el tullido, Klaros, y el  cuentista Terpander; y una mujer, la sensata Damar; quienes van a demostrar a Esparta el significado real de las palabras honor y valor. Una noche el eforo Eurytos y su hijo el cruel Arimnestos visitan una granja de ilotas donde trabajan los tres protagonistas. En una suerte de crypteia desencadenan una matanza que finalizara con la fuga de los tres ilotas, y la consiguiente caza de los mismos.

"Three" se presenta como una antítesis del "300" de Frank Miller. Las supuestas virtudes espartanas son contrastadas aquí con las de los ilotas, que superan en heroísmo, honor, y compañerismo a sus esclavizadores, los despóticos espartanos. Los errores y derrotas de los "invencibles" espartanos les son restregados a estos a lo largo de los cinco números que componen la trama de "Three".   

Sin un guión demasiado espectacular ni un dibujo apabullante los autores consiguen sin embargo un cómic realmente bueno. Si la base de la historia es trillada y sencilla por vista, el tono, los datos aportados, las referencias a hechos pasados, el cambio de enfoque de espartanos o ilotas, la hacen una auténtica joyita, absolutamente imprescindible. Las entrevistas finales con el experto y asesor histórico son para muy "frikis", pero la verdad que al margen de algún que otro desvarío te aportan referencias muy interesantes. El dibujo muy al estilo americano (ambos trabajan para las grandes compañías de cómics de superheroes) no es tan detallista como el franco belga, pero luce bien, y aunque se nota el gusto por lo sanguinario y brutal, no cae en excesos, y se muestra bastante correcto. 

Los cinco números de "Three" se leen rápidamente, y te dejan con ganas de más. Es un cómic desmitificador, donde los espartanos son mostrados desde una óptica muy diferente a la que el cine y la literatura nos tiene acostumbrados. Gillen se propuso devolverle a los ilotas su lugar en la Historia de la Grecia Antigua, y su cómic se convierte casi en un homenaje a estos sufridos esclavos. Seguro que después de "Three" no volveréis a ver a los espartanos con los mismo ojos admirativos. Por ello el cómic de Gillen y y Kelly hay que leerlo sí o sí.

LOS AMORES DE LA PRINCESA CARTAGINESA

SALAMBÓ

Título Original: Salambó

Año: 1960

País: Italia/Francia

Duración: 72 min.

Dirección: Sergio Grieco

Reparto: Jeanne Valérie, Jacques Sernas, Edmund Purdom, Riccardo Garrone, Arnoldo Foá, Andrea Aureli, Raf Baldassarre, Brunella Bovo, Kamala Devi.

Marco Temporal: 241 a.C.-238 a.C.

Marco Espacial: Cartago


Cartago acaba de superar la Primera Guerra Púnica (241 a.C.), pero los gastos han sido inmensos y sus dirigentes se han visto incapaces de pagar a los mercenarios que habían contratado. Como consecuencia hordas de soldados de fortuna sin salario asolan las tierras del norte de África. Esta a punto de comenzar la llamada Guerra de los mercenarios (241-238 a.C.) El Senado de los 100 de Cartago convoca a los lideres de los mercenarios con la promesa de pago, pero una vez en su presencia intenta arrestarlos por orden de Narr Havas. Sólo la oportuna intervención de la bella sacerdotisa de Tanit, Salambó, impide una masacre. Entre Mathos, uno de los lideres entre los mercenarios, y la princesa Salambó surge un amor que ambos saben imposible, sobre todo cuando ambos se creen traicionados por el otro.    

En los años 60 el "peplum" era un genero cinematográfico independiente y con atractivo suficiente en sí mismo para arrastrar al público a las salas. Goliaths, Macistes, Hércules, y Sansones poblaban los cines de barrio dando en las pantallas mamporros a diestro y siniestro, y luciendo sus protagonistas más pectorales que una actriz porno ochentera. Sin embargo el cine de Hollywood había demostrado que se podía hacer otro cine de "romanos" diferente, un cine más serio, con mayor contenido histórico, con una historia de amor, y una base literaria detrás, sin necesidad de poblar la cinta de musculitos descerebrados: "Quo Vadis?" (1951), " Ben.Hur" (1959) habían tomado ese camino. Los italianos expertos en esto del cine de "sandalias" no iban a quedarse atrás, y pusieron en marcha algunas coproducciones que intentaban seguir este camino. "Salambó" fue uno de esos intentos.

La película es una coproducción italo-francesa que tiene como base para su guión la novela de Gustave Flaubert de 1862 del mismo título, es decir "Salambo", que había sido todo un exitazo en su época.  El contexto histórico no puede ser más atractivo y novedoso, Cartago en el siglo III a.C. durante la llamada revuelta o guerra de los mercenarios, y la historia a narrar nada menos que el amor imposible entre el lider de los mercenarios rebeldes y la hija del general que va a tener que detenerlos. El drama está servido. Un Romeo y Julieta a lo cartaginés, batallas y combates a caballo y a pie, con tipos luciendo torso y jovencitas envueltas en telas vaporosas, y de guión una de las mejores novelas históricas que había por aquel entonces, todo aderezado con el exótismo del lugar y sus vestuarios, y de guinda del pastel un actor consagrado en el genero Edmund Purdom ( "Sinuhe el Egipcio" de 1954, "El rey cruel" de 1959) ¿Qué podía fallar? Pues casi todo

Sin ser una mala película "Salambo" no cubrió las expectativas generadas con ella. Para los seguidores del cine de romanos tradicional con semidioses y héroes invencibles propios de la vertiente italiana del genero, "Salambo" es casi una traición. El protagonista comparado con los culturistas del momento como Steve Reeves o Brad Harris no tenía ni media torta, o sea era un filusmita. El malo del film encarnado por la estrella importada, Edmund Purdom en el papel de Nar Havas, se limita a poner cara de estreñido toda la película oculto tras un maquillaje excesivo. La belleza sin par se queda en "del montón". Los actores sobreactuan, además el doblaje del protagonista en español es de esos dignos del juzgado de guardia. La música parece tocada y compuesta por la banda de música de la Legión (esos ya ni al juzgado, ¡si es que llegas a esperar que suene el "soy el novio de la muerteee..."!). El guión que prometía, es recortado, censurado en algunos países, y condensado en aras de la brevedad y supuestas pocas luces de los espectadores, de forma que lo que ocurre en varios años de guerra parece en el film cosa de unos días, y personajes tan interesantes como Almilcar quedan apenas esbozados. Y para colmo el espectacular y dramático final de la novela es cambiado por un final absurdo e ilógico en el film.

Seguramente lo mejor de la película sean las escenas entre los dos protagonistas, incluso las censuradas, mientras lo peor lo componen las pretendidas escenas dramáticas como el sacrificio de las esclavas, que llega a ser destornillante. ¡Queremos una revisión de la historia de Salambo, ya! 

Con todo lo anteriormente dicho "Salambo" es una de esas películas que hay que ver, eso sí como muchas veces hemos dicho los impenitentes lectores: "la novela es mucho mejor". Si en su época no hubieran existido esas grandes obras maestras del cine como algunas de las mencionadas, seguramente "Salambo" ocuparía un lugar más alto en el ranking, pero para su desgracia ha tenido que competir con el original novelero, y con grandes películas que aún hoy eclipsan o cualquiera que se le ponga por delante, no olvidemos que en ese mismo año de 1960 se estrenó "Espartaco" de Stanley Kubrick considerada por muchos si no la mejor una de las mejores películas de todos los tiempos. Olvidándonos de eso, hay que ver "Salambo" como un intento meritorio de buscar nuevos caminos de salida para el cine ambientado en la Antigüedad Clásica, y como tal y producto de su época y país, disfrutarlo.

ROMANOS EN CHINA

EL IMPERIO DE LOS DRAGONES


Título Original: L´Imperio dei draghi


Autor: Valerio Massimo Manfredi


Año de Publicación: 2004


País: Italia


Marco Temporal: 259-270


Marco Espacial: Persia, China


Es el año 259 en la ciudad de Emesa en la provincia romana de Siria. Marco Metelo Aquila, legado de la II Legión Augusta, se prepara para acompañar al emperador Valeriano a un encuentro con su enemigo, el rey persa Sapor I. La salida de la ciudad no sale como estaba planeado y el emperador de Roma y su escolta caen en poder de los persas gracias a una traición. Aquila y sus hombres son condenados a trabajos forzados en una mina. El destino del emperador romano estaba sellado, pero el legado y algunos compañeros consiguen sobrevivir a pesar de las duras condiciones de su cautividad. Negándose a aceptar su destino, Metelo Aquila consigue escapar con la ayuda de un extraño personaje. La fuga de los romanos tomará un rumbo diferente al esperado, y pronto los legionarios se encontraran en un extraño país del que lo desconocen todo, y todo les sorprende: China, el Imperio del Centro. Durante algo más de 10 años los romanos intentaran sobrevivir en medio de guerras e intrigas. 

El periplo de los romanos por Oriente hasta llegar a China, sus aventuras en este país, el contraste de costumbres, y alguna que otra concesión al cine chino de aventuras, con guerreros voladores y saltarines, y hermosas orientales dispuestas a enamorarse del héroe, llenan la novela.

Valerio Manfredi es un arqueólogo italiano metido a escritor de novelas históricas y/o de aventuras, y la verdad es que éstas suele hacerlas bastante bien. Sus novelas suelen ser entretenidas, utilizan el contexto histórico y los hechos mismos como excusas perfectas para las trepidantes aventuras de sus protagonistas, y pocas veces te aburres a la par que aprendes un par de cosas de historia. "El Imperio de los dragones" no es una excepción, es sobre todo una novela de aventuras entretenida.

Los Zorros Voladores, los tres reinos de China: Wei, Shu y Wu; las referencias a la legión perdida de Craso, son algunos de los temas que se tocan en la novela, que en su mayor parte se desarrolla en tierras chinas; así que no la leáis buscando una novela típica de romanos, porque no lo es; y sí un libro de aventuras exóticas, eso sí con un grupo de romanos, algo desplazados todo hay que decirlo, en medio de las luchas por el poder en la China del siglo segundo.

Sin ser una novela histórica plena, los puristas la llamarían de contexto histórico, "El Imperio de los dragones" te hace pasar un buen rato, y deja un buen regusto después de su lectura como casi todo lo que este inspirado italiano entrega a la imprenta. Quizás se le podría reprochar no ahondar más en la conjura contra el emperador, o hacer concesiones casi cinematográficas en los combates en China, pero está claro que el autor muy apegado al mundo fílmico tal vez escribió pensando en su traslación a la Gran Pantalla, como ya ha pasado con otras de sus novelas. Si es así esperaremos la adaptación al cine de la entretenida aventura de estos perdidos legionarios.

GRIEGOS LEGENDARIOS

LOS HÉROES GRIEGOS VISTOS POR EL CINE

Si ya hemos visto como el cine y la televisión muestra su particular visión sobre el panteón olímpico, veamos ahora en que héroes y semidioses centra su atención.

Crios. Era uno de los Titanes, hijos de Úrano y Gea. Bastante salvajes, los Titanes se metían en toca clase de fechorías, siendo una especie de divinidades menores, hasta que Zeus harto de sus tropelías los fulminó con sus rayos, y de sus cenizas surgió la raza humana. El busto del titan pertenece al Museo Arqueológico de Atenas. En el cine Giuliano Gemma interpreta a Crios el titan en "Los titanes" (1962), con una imagen bastante alejada de la mitológica, y después, claro está, de pasar por la peluquería.
Perseo. Hijo de los amores de Danae y Zeus, Perseo es el semidios que se enfrentará con la feroz Medusa armado con  una hoz de acero y un casco que le hacía invisible. La estatua de Cellini muestra un joven Perseo tocado con el casco y sujetando la cabeza de Medusa. En el cine ya en 1963 en "El valle de los hombres de piedra" era Richard Harrison quien hacia de Perseo, y en las nuevas versiones es Sam Worthington; pero aunque ya he comentado la película "Furia de Titanes"(1981) me quedo con Harry Hamlin, observad el parecido.
Heracles. El Hércules romano, hijo de Zeus y Alcmena, es de sobra conocido, y sin duda el semidios más conocido de la mitología clásica. Su nacimiento, sus famosos trabajos, sus amores y aventuras forman parte ya de la cultura occidental a través del arte, la literatura, y por supuesto el cine y la televisión. La estatua romana copia del original griego que se exhibe en el Metropolitan Museum de Nueva York presenta a Hécules cubierto con la indestructible piel del León de Nemea. En el cine han sido muchísimas las películas y series dedicadas al héroe, incluso en este 2014 llegan dos films sobre el legendario personaje. La adaptación del cómic "Hércules. Las guerras tracias" está interpretado por Dwayne Johnson "The Rock".

Teseo. Otro semidios, pero en esta ocasión hijo de Posidón, o de Egeo rey de Atenas, ciudad de la que Teseo se convertirá en héroe nacional, pues acabará con la tiranía que los minoicos le imponían. Así el joven se embarcará hacia Creta como tributo al minotauro, y allí acabará con el monstruo. La escultura del Museo Victroria y Alberto de Londres realizada por Antonio Canova (1781-1783) se recrea en el momento posterior a la victoria del héroe sobre el monstruo. En el cine Teseo sin ser tan popular como Hércules también tuvo su ración de films, el último "Inmortales"(2011) con el nuevo Superman Henry Cavill en el papel del superhombre griego. 
Jasón. Este héroe protagoniza una de las aventuras más épicas de la mitología griega, una aventura colectiva con el quién es quien de los héroes míticos: la expedición de los argonautas. El superequipo de héroes en busca del vellocino de oro, para que los comiqueros nos entiendan el antecedente de Los Vengadores de Marvel o de la Liga de la Justicia de DC. El Jasón de Thorvaldsen (1802-1803) del Museo Thorvaldsen de Copenhagen nos enseña a un Jasón triunfante ya con el vellocino en su poder. El cine y la televisión ha recreado la famosa expedición en varias ocasiones, en la última para televisión en el 2000 era interpretado por Jason London. Sin el casco, pero se el actor se parece a la escultura. ¡Hasta tienen el mismo gesto! 
Edipo. El heroe trágico por excelencia. Abandonado de niño a causa de un oráculo, mata a su padre y acaba casándose con su madre. Y por si todas las desgracias que le suceden después no fueran suficientes termina por darle nombre a un complejo que hace las delicias de los psiquiatras. Nadie recuerda que como héroe acabó con la temible Esfinge después de resolver su conocido acertijo. En la cerámica griega del siglo VI a.C. Edipo es interrogado por la Esfinge. La extraña película de Pasolini de 1967 "Edipo rey"  es interpretada por Franco Citti centrándose en el aspecto más dramático del personaje, y en el ridículo sombrero.

Orfeo. El héroe de Tracia Orfeo, es el paradigma de héroe pacifista, el músico cuyas composiciones amansan a las fieras y amainan tempestades. Pero también él sufre un destino trágico que le lleva a descender a los infiernos en busca de su amada. La escultura de Bandinelli del Medici Riccardi de Florencia nos enseña como un joven Orfeo ha dominado al temible Cancerbero que guarda los Infiernos. En la interesante serie "El Cuentacuentos: Los mitos Griegos"(1991) es un sorprendente Art Malik quien interpreta al músico, aunque aquí ha cambiado la lira por la flauta.
Atalanta. Las chicas también tenían su papel en la mitología griega, aunque pocas veces como heroínas. Atalanta abandonada en el monte, es amamantada por una osa y luego recogida por unos pastores. Participó en la cacería del Jabalí de Calidón y en la expedición de los Argonautas. Sólo se entregaría a quien la derrotara en una carrera. La estatua del Museo del Louvre, copia neoclásica (Lepautre 1703-1705) de una romana, nos la presenta en movimiento durante la celebración de la carrera. La escultural Miss Olimpia, Coryn Everson, se puso en la piel de la guerrera en la serie "Hercules: Los viajes Legendarios"(1995-1998). ¡Las chicas son guerreras!¡Cualquiera se mete con ella!

Dioscuros. Castor y Polúx. "Los hijos de Zeus" era el significado de su sobrenombre, aunque sólo uno de estos dos gemelos era hijo de Zeus, pues su madre retozara primero con Zeus en forma de cisne (Ver  mi post sobre Zeus Omnipotente), y luego con su marido. Así Pólux o más propiamente Polideuces era inmortal, y Cástor como hijo de humano era mortal. Ambos siempre inseparables y con habilidades complementarias, boxeador el primero y espadachín y domador de caballos el segundo, se embarcaron juntos en un sinfín de aventuras, hasta el final trágico del gemelo mortal. La escultura de los dos gemelos más ampliamente difundida en sus numerosas copias es romana y data del siglo I, una de sus copias se expone en el Museo del Prado, y nos los presenta delante de un altar. El cine ha mostrado a los gemelos como invitados en muchas producciones mitológicas, en "Hércules"(1958), son Fulvio Carrara como Cástor y Willi Colombini como su hermano. Para ser gemelos sólo se parecen en la ropa, y eso sería cosa de su mama.

Belerofonte. Este personaje tiene en su currículum dos hitos que le hacen ser uno de los más importantes aunque desconocidos héroes de la mitología griega: ser la primera montura de Pegaso, de hecho fue su propietario ya que se lo regalaron los dioses; y el haber acabado con uno de los peores monstruos mitológicos, la Quimera. En el Museo de Viena se nos muestra una impresionante estatua de la batalla entre el héroe y el monstruo de Schaller (1805). El cine prácticamente ha ignorado al mítico jinete, y podemos rastrear su presencia en un episodio de "Xena: La princesa guerrera"(2001)  interpretado por Craig Parker.

Meleagro. Príncipe de Calidón y por tanto el protagonista principal de la cacería del jabalí de Calidón, donde se reúnen los principales héroes de Grecia, aunque es finalmente él quien acaba con la bestia. Además participa en la búsqueda del vellocino de oro con Jasón y los argonautas. La escultura de los Museos vaticanos copia romana del siglo II de un original griego enseña al héroe tras su victoria sobre el jabalí. El cine y la televisión lo han ignorado casi por completo, y es de nuevo la serie de Xena, la que muestra a un Meleagro borracho y envejecido recordando pasadas glorias, un papel muy alejado del mito interpretado por Tim Thomerson.  

Asclepio. Antes de convertirse en el dios griego de la médicina, y más tarde en el romano con el nombre de Esculapio,  Asclepio era el rey de la ciudad mesenia de Trica, y un héroe con grandes conocimientos y habilidades médicas. En realidad estaríamos ante otro de esos héroes pacifistas que ponen sus habilidades al servicio de sus compañeros. Así en calidad de médico participa en la cacería de Calidón y por supuesto en la expedición de los argonautas. Las representaciones artísticas de Asclepio son abundantes, nos quedamos con la copia romana del Hermitage de San Petersburgo. En el film "Hércules"(1958) es el italiano Gian Paolo Rosmino quien interpreta al heróico pero cobardica médico. Como podéis ver la cara es todo un poema.