EL SOÑADOR QUE PUDO VOLAR

EL PRIMER AVIADOR
Abbas Ibn Firnas Estatua en Bagdad

Si nos preguntaran quién fue el primer hombre en volar, casi la mayoría contestaríamos que los hermanos Wright de los Estados Unidos, algunos afinarían más y se remontarían al ingenioso italiano Leonardo da Vinci; los más puntillosos y clásicos, que el primer ejemplo de hombre volador lo tenemos en la mitología, y serían Dédalo y su hijo Icaro, pero claro eso no cuenta, es mitológia. ¿Cuántos contestarían que en plena Edad Media un árabe loco de origen andalusi intentó volar?

Abbas Ibn Firnas es uno de esos personajes que a veces nos regala la Historia, y que consiguen dejarnos sin palabras, o al menos sorprendidos. Uno de esos locos maravillosos que se atrevió a soñar e intentar ir más allá que la mayoría de sus contemporáneos.

Nace posiblemente en Ronda en una fecha indeterminada del siglo IX, y muere en 887. Se desconoce su origen: que si hijo de una familia cristianizada, que si procedente del norte de África. Pero si se sabe que estuvo muy asociado a la corte de los omeyas, y destacó durante el gobierno de al menos tres emires cordobeses Al Hakem I, Abderramán II, y sobre todo Muhammad I.

Abb ibn Firnas. Museo de la Aviación Nanjing. China
Ibn Firnas era ya un hombre curioso que dedicaba su tiempo a... ¿planear guerras? ¿inventar armas? Esto sería lo propio en plena Edad Media, pero no olvidemos que el Califato de Córboda y sus emires también se caracterizaban por el impulso que supieron darle a la cultura en todos sus ámbitos (vamos, como ahora), así que Firnas se entretiene con...juegos de ingenio, cuentos y anécdotas, que hacen las delicias de quienes las escuchan. Pronto adquiere fama de ser uno de los hombres más sagaces e inteligentes de su tiempo, que además toca el láud y canta como los ángeles (bueno, mejor como las hurís). Pero eso no es todo, el buen hombre también es un poeta reputado, filósofo experto, magnífico astrólogo, y alquímico competente. Bueno, bueno, con Firnas, hay ¿algo que no sepa hacer? Pues parece que para completar: hace juegos de prestidigitación, y tiene una destreza física sorprendente. (Y yo que no sé pelar una patata sin cortarme).

No contento con todas estas habilidades y destrezas Abbas Ibn Firnas también inventó algún que otro instrumento además de perfeccionar la técnica de fabricación del cristal. Uno de su inventos fue una especie de reloj (miqata) que fue un regalo para un emir. Un día en su casa inventó las 3D ¿¿¿Cómo??? Pues sí, preparó en  una habitación una simulación del cielo con estrellas y nubes, y luego empezaron a retumbar truenos y a verse relámpagos para sorpresa de sus invitados (ríete tú del Lucas y del Spielberg juntos)

Pero lo mejor aún estaba por llegar. Ibn Firnas tuvo la oportunidad de ver como en el 852 Armen Firman saltaba desde una torre de Córdoba con una gran capa, y sobrevivía al salto. En general se dice que este Armen Firman era él mismo haciendo los ensayos de lo que luego probaría. Había nacido el paracaídas. Pero a nuestro amigo eso no le bastaba, si alguien saltaba de tal altura y no se mataba, ¿por qué no volar como los pájaros?

Ni corto ni perezoso nuestro magnífico soñador empezó a hacer observaciones, tomar notas, diseñar modelos y realizar pequeños ensayos. Años después se atrevió a dar el gran salto. En el 875 posiblemente con los 65 años cumplidos (Hay quién no se debe jubilar jamás, y quién no debió ni empezar a trabajar) invitó a una multitud a que observaran su vuelo. Creó una especie de aparato, traje, o algo parecido: unas alas de madera recubiertas de seda, y de plumas de aves rapaces, y se lanzó desde lo alto, algunos dicen que de la misma mezquita de Córdoba. Nuestro andalusí volador planeó ante la mirada asombrada de los espectadores, se mantuvo en el aire un buen rato, y consiguió recorrer una considerable distancia hasta que probó a aterrizar. Pero como luego él mismo justificó, los pájaros tienen cola, y él se había olvidado de ponerse una, como consecuencia del olvido, se rompió la suya, es decir el culo, otros afirman que las dos piernas. Ibn Firnas no volvió a volar. 

Un cráter de la Luna, un aeropuerto en Bagdad,  un puente en Córdoba llevan su nombre. En su ciudad natal, Ronda se ha inaugurado un centro astronómico con su nombre. Tristemente los libros de texto están llenos de los nombres de asesinos de masas, mientras estos "locos" maravillosos no tienen ni  una línea.    

LA DONCELLA GUERRERA

JUANA DE ARCO

Título Original: Joan of Arc

Año: 1999

Nº de Episodios: 2 (180 min.)

País: Canada

Director: Christian Duguay

Reparto: Leele Sobieski, Jacqueline Bisset, Olympia Dukakis, Peter O´Toole, Maximilian Schell, Shirley MacLaine, Peter Strauss, Robert Loggia, Jaimz Woolvett, Neil Patrick Harris.

Marco Temporal: 1412-1431

Marco Espacial: Francia



Un niña nace en 1412 en pleno conflicto armado en Francia, su padre asustado ante la llegada de soldados borgoñones está dispuesto a abandonarla, pero la madre de la recién nacida se niega. Han pasado 10 años, y la niña Juana sueña con las historias que hablan de una doncella libertadora. Siete años después la niña se ha convertido en una joven de fuertes convicciones que no teme defender sus creencias enfrentándose a quien sea, incluso a su propio padre. Un hecho traumático le llevará a escuchar voces celestiales que le piden que ayude al delfín de Francia, Carlos.

Una jovencísima Leele Sobieski encarna a la doncella de Orleans desde su juventud hasta su final en la hoguera de Ruan en 1431. Rodeada de auténticos monstruos de la pantalla grande y la chica, la actriz se desempeña bien dándole un toque ingenuo y juvenil al personaje, y eso ya es mucho teniendo muy buenos elementos de comparación en anteriores producciones.

La historia que cuenta la serie es suficientemente conocida por todos como para pensar que nos van a ofrecer grandes sorpresas. Pero la ambientación, el guión y los personajes están bastante cuidados, y el resultado es interesante. Realizada con bastantes medios, esto se nota no sólo por los actores de peso con que rodean a la menos veterana protagonista, sino por la realización de las escenas en las batallas, los exteriores e interiores.

Una miniserie entretenida, bien realizada y en general agradable de ver. Eso sí, contando una historia harto conocida, y para muchos desprovista de interés. Sin embargo invita a una reflexión sobre el papel de la religión en los conflictos entre países, y sirve como perfecto documento educativo para el análisis de la guerra de los cien años. 

LAS AVENTURAS DEL JOVEN DON RODRIGO


EL CID


Título Original: El Cid

Guionista: A.Hernández Palacios

Dibujante: A. Hernández Palacios

Año de Publicación: 1971-1984

País: España

Marco Temporal: 1063-1065

Marco Espacial: España




En 1063 el Infante Don Sancho, hijo del rey Fernado de Castilla, y su fiel amigo Don Rodrigo se han visto envueltos en la batalla de Graus donde perdió la vida Ramiro I de Aragón. Las malas lenguas achacan a los castellanos la muerte del rey de Aragón, y Don Sancho reclamado por su padre se ve obligado a regresar a Castilla. En el camino el infante y su inseparable compañero Don Rodrigo Díaz de Vivar se ven envueltos en una extraña aventura con una aún más extraña castellana, Doña Usua. En un tenebroso castillo se ven asediados por la traición y la maldad, y conocen al que será ya para siempre su peor enemigo Adolfo Vellido.

Las aventuras del que más tarde sería conocido como el Cid son relatadas a lo largo de 4 volúmenes: Sancho de Castilla, Las Cortes de León, La toma de Coimbra y La cruzada de Barbastro. En estas historias conocemos al trío protagonista Don Rodrigo, el Infante Don Sancho, y el gigantón Basurde, pero sobre todo recorremos la España medieval a través de sus personajes, hechos y costumbres. Las batallas, las intrigas cortesanas, las cacerías, etc, son magníficamente reflejadas. Los protagonistas de la historia: Fernando I de Castilla y sus hijos, Moctadir, el conde Ermengol III, Santo Domingo de Silos, y muchos más desfilan por las páginas del Cid, haciendo que su lectura sea un auténtico descubrimiento y una delicia. El ciclo finalizada en diciembre de 1065 con la muerte del emperador, y dejando abierta la sucesión y el reparto de los reinos peninsulares.

No estamos ante una típica historia sobre el Cid, de hecho en ocasiones no es ni el protagonista, y los hechos históricos o sus compañeros de aventuras tienen más peso que él. La lectura es amena y huye de una reconstrucción documental de los acontecimientos para mostrarnos un poco de todo: Historia sí, pero también costumbres y aventuras. Al encontrarnos con un joven Rodrigo, un Cid antes de ser el Cid, sus aventuras resultan nuevas, desconocidas, y así el autor nos sorprende y entretiene a la vez que sútilmente nos introduce en la España medieval.

El dibujo es personalisimo como todo lo que salía de las manos de este guionista dibujante salido del mundo de la publicidad. Antonio Hernández Palacios parece querer evitar las lineas rectas. Las redondeces, la rotundidad domina sus figuras, con trazos gruesos y un color espeso, los paisajes se convierten en espacios amenazadores donde cualquier cosa puede suceder. Con un estilo que casi podríamos denominar barroco sus dibujos adquieren una dimensión extraordinaria, los castillos parecen a punto de desmoronarse encima del lector, y la luminosidad brilla por su ausencia, como si el autor se hubiera esforzado en demostrarnos que la Edad Media es una época oscura, peligrosa, de decadencia.

Los cuatro volúmenes que integran "El Cid", a pesar de que no llegan a mostrarnos al Cid en todo su esplendor, conforman un fresco histórico más que interesante, y creo poder afirmar que nadie se va a sentir decepcionado con su lectura.


EL CABALLERO MUSULMÁN

SALADINO


Título Original: Saladin


Autor: Geneviéve Chauvel


Año de Publicación: 1991


País: Francia


Marco Temporal:1137-1193


Marco Espacial: Siria



Saladino nace en el año 532 de la hégira, el 1137 de la era cristiana, en Tikrit. Los augurios no eran favorables; pero como hijo de un poderoso gobernador, el futuro del recién nacido parecía asegurado. Al-Nasir Salah ad-Din, verdadero nombre de Saladino, seguirá a su padre y a su tío en las luchas por hacerse con el poder en Siria apoyando a Nur al-Din, así cuando éste consigue la victoria, el ascenso social de la familia y del propio Saladino queda asegurado. Los infieles venidos de Occidente, los franjs, y las luchas internas del Islam son la oportunidad que el joven necesitará para convertirse en uno de los más famosos guerreros de su época.

La novela de la escritora y periodista Genevieve Chauvel se nos presenta como una autobiografía, en donde Saladino cuenta en primera persona sus vivencias, técnica muy usada por el subgenero de la novela histórica biográfica. Los conocimientos que Chauvel había acumulado como reportera en Siria, Argelia, y en general en el mundo árabe, son usados por ella para recrear el ambiente en el que discurre la vida del biografiado. Sorprendentemente y a pesar de ser la escritora una reportera de guerra, y haber cubierto varios conflictos bélicos, las batallas no son el fuerte de la novela. El relato sigue casi fielmente la vida y andanzas del que llegaría a ser el poderoso sultán de Egipto y Siria, verdadera némesis de los cruzados, y mostrado con frecuencia como la otra cara de la moneda de las cruzadas y enemigo personal de Ricardo Corazón de León.

Vaya por delante que no soy muy aficionado a las biografías noveladas, y a pesar del interés del personaje del cual se nos suele relatar su vida, me resultan generalmente muy frías y excesivamente laudatorias. Las novelas supuestamente autobiográficas normalmente me aburren bastante por contar acontecimientos sobradamente conocidos aportando pocos datos nuevos, y con nula o escasa critica al personaje central. "Saladino" es casi un documental novelado con todo lo bueno y malo que eso tiene. Acabas conociendo con pelos y señales la vida del sultán, pero le falta sentimiento, no te emocionas, no sufres o luchas con él. Por eso si queréis una novela que os ilustre sobre Saladino, que os cuente hasta la composición de su primera papilla, es ésta. Si por el contrario queréis un relato que os haga vibrar, e ir a desempolvar vuestro alfanje para decapitar a "perros infieles", pues "Saladino" os va a aburrir y seguramente os cansareis antes de llegar al segundo capítulo.  Esto no quita que estemos ante un relato sólido y bien documentado que nos acerca al mundo islámico medieval de una forma instructiva y rigurosa, lo demás es cuestión de gustos.     

DE CORTESANA A EMPERATRIZ

TEODORA

Título Original: Teodora, imperatrice di Bisanzio

Año: 1954

País: Italia/Francia

Duración: 124 min.

Dirección: Riccardo Freda

Reparto: Georges Marchal, Gianna Maria Canale, Renato Baldini, Irene Papas, Roger Pigaut, Henri Guisol, Olga Solbelli, Carlo Sposito, Nerio Bernardi.

Marco Temporal: 527-547

Marco Espacial: Bizancio


En el año 547 el Imperio de Oriente está en pleno apogeo. En Ravena se consagra la capilla de San Vital en presencia de Justiniano. El emperador conmovido por el acto se deja llevar por los recuerdos, y su memoria retrocede al año en que conoció a Teodora, la que más tarde se convertiría en su esposa y emperatriz de Bizancio. Hace más de veinte años cuando Justiniano paseaba ocultando su identidad entre el pueblo, una ladrona intenta robarle, pero al verse descubierta huye, y el emperador la sigue hasta una taberna. La joven Teodora es una fiel seguidora de la facción de los verdes, representantes del pueblo en las carreras de cuádrigas, enfrentada a los azules que defienden los intereses de los nobles y del todopoderoso Juan de Capadocia.

Una producción de estas consideradas menores realizadas por los italianos, y  el experto en este tipo de películas, Riccardo Freda, que a pesar de los errores históricos se deja ver con simpatía. Con unos decorados de cartón piedra la película, que adolece de todos los defectos que podamos achacarles a estos films, es sin embargo entretenida, con unos personajes, que aunque tópicos, están bien trazados: un emperador Justiniano algo beato y tontorrón frente a una Teodora imparable, deslenguada, liberal y que se lo come con patatas; aunque debido a la censura imperante en la época  los orígenes de la emperatriz son algo maquillados y de cortesana pasa a ser una simpática ladronzuela que además pluriempleada canta en una taberna (Procopio, por ejemplo, escribe que trabajaba en un burdel entregándose a hombres de baja ralea, aunque luego se puso a trabajar de actriz. ¡Si es que en aquellos tiempos a reina llegaba cualquiera!). Los secundarios como Juan de Capadocia como malo malísimo, los corredores de cuádrigas, o el típico graciosillo, cumplen de sobra y hacen que la historia discurra sin tropiezos y nos haga pasar un buen rato.

Como es bastante difícil encontrar en el cine o la televisión una historia medianamente decente dedicada al más que interesante Imperio Bizantino, "Teodora" que además dedica su metraje a la que posiblemente sea la más conocida emperatriz del mismo, se convierte en una película de visionado casi imprescindible. La rigidez protocolaria de la corte bizantina, el papel de la Iglesia, las carreras en el Hipódromo y su influencia en la sociedad, personajes históricos como Justiniano, Teodora, Juan de Capadocia, o Belisario, y hechos históricos como la promulgación de un nuevo código de justicia o la revuelta de Niké (532), son motivos más que suficientes para darle una merecida oportunidad a este divertimento. Pero eso sí, no esperéis un rigor histórico a prueba de criticones, pues no aguantareis ni cinco minutos, sólo disfrutadla. Como muestra el breve dialogo que el personaje bufonesco mantiene cuando se le juzga en presencia del emperador:

- ¿Hay testigos?
- No hace falta. Yo mismo le sorprendí en flagrante delito. Además ha confesado.
- Confieso, y os digo más, si en vez de una hora me hubieran azotado cinco, me habría confesado culpable de la Revuelta de Vercingetorix, el asesinato de Calígula, de los desmanes de la Serpiente Marina, y de la diarrea infantil.