ASUNTOS DE FAMILIA

LA RED BONAPARTE

En una época en la que está tan de moda hablar de los políticos y sus corrupciones, en la cual cualquier mandatario se cree con derecho a usar las instituciones públicas para colocar a familiares y allegados, tenemos la tendencia a olvidar que eso no lo han inventado ellos, y no es que quiera justificarlos; pero es que el nepotismo - que así se llama la difundida práctica - viene de atrás.

Un ejemplo y paradigma de nepotismo, es decir darle cargos y empleos a familiares y amigos sin importar los méritos, fue el gran Napoleón Bonaparte, que estableció un auténtica red de clientelismo a su alrededor, disponiendo de cargos y reinos que repartía entre familiares y amiguetes con una alegría que sólo ha encontrado parangón en nuestros actuales dirigentes que se comportan como pequeños bonapartes en sus particulares feudos. Echémosle un vistazo al organigrama familiar de Bonaparte, auténtica inspiración de nuestros "honrados" mandamases.

La Familia

Napoleón Bonaparte (1769-1821). ÉL. A la cabeza de toda la red está por supuesto, él. General, Primer cónsul, cónsul vitalicio, fueron sus primeros pasos hasta desembocar en el definitivo: Emperador de los franceses en 1804, y Rey de Italia en 1805. Sus andanzas por toda Europa a la conquista de territorios que repartir son demasiado conocidas para entrar aquí en ellas. Su insaciable afán de conquistas no se si tendría que ver con la numerosa cohorte de familiares que dependían de él, pero parecería como si quisiera buscarles un apañito a todos ellos. Sus movimientos de tropas cambiaron el mapa de Europa y la manera de entender la política en este territorio que él intentó hacer uno solo. Como es lógico su mujer compartió el título de emperatriz.

Leticia Ramolino (1750-1836). La Mamma. Todo clan que se precie tiene una matriarca, en el caso de los Bonaparte fue Leticia. Viuda con ocho hijos, la madre de Napoleón siempre fue todo un carácter. Poco dada a los fastos de su hijo, prefería mantenerse lejos de la vida política de su país, aunque no de la económica. Fue la única persona a quien Napoleón reconoció como superior a él: "Cuando ella muera sólo me quedarán inferiores." No acumuló grandes títulos, además de Princesa de Francia, se le concedió el de Su Alteza Imperial, madre del Emperador. Por el contrario con las riquezas no sucedió igual. Rodeada de banqueros e inversores se labró una fortuna personal inmensa, comprando joyas, obras de arte, y todo lo que pudiera transformase en líquido por si venían mal dadas. "Ojala que dure" solía ser su frase favorita.

José  (1768-1844) Pepe Botella. El mayor de los Bonaparte y uno de los favoritos de su madre, fue abogado y embajador de su hermano antes de que éste le nombrase Rey de Napoles (1806-1808), reino y cargo que cambió por el más lucrativo de Rey de España (1808-1813). No parece cierto que fuera tan aficionado al tintorro como los españoles llegamos a creer, pero sí a las mujeres y a apropiarse de lo ajeno. Su famoso "equipaje" iba cargadito con las joyas de la corona española y las obras de arte expoliadas, la venta de las cuales le permitió darse la buena vida en los Estados Unidos, donde vivió a cuerpo de rey..."abdicado", con lujosa mansión incluida llena de obras de arte, libros raros, y estanque, todo pagado a costa de su último reino.    

Luciano (1775-1840)  La Oveja Negra. Toda familia tiene un hijo rebelde que les sale atravesado, y se sale de lo normal, que además suele ser el favorito de su mama. Bueno, pues ese, era Luciano. Opuesto a muchas de las ideas de su hermano, se auto exilió en Francia, y llegó a rechazar los títulos imperiales, e incluso un matrimonio que le convertiría en rey de Etruria. Llegó a vivir en Inglaterra, lo que fue visto por su hermano como una auténtica traición, y se le llegó a borrar de la familia. Posteriormente hubo una reconciliación, y se le concedió el título de príncipe. En 1814 en Italia se le otorgaron diversos títulos como los de Príncipe de Canino, Conde de Apollino, Señor de Nemori, y Príncipe de Musignano, aunque curiosamente concedidos por el Papa. Nada mal, para un rebelde.

Elisa (1777-1820) La Lengua Viperina. La mayor de las hermanas Bonaparte tenía fama de no callarse ni debajo del agua, y se enfrentaba hasta con el emperador. Su nombre era María Anna, pero no debía de gustarle mucho, y se lo cambió por el apodo de Elisa. Fue nombrada por su hermano, Condesa de Campigniano, Princesa de Lucca y Piombino en 1805, y Gran Duquesa de Toscana, además de tener el título de Su Alteza Imperial. Gobernó sobre Toscana desde 1807 hasta 1814. Su marido Félix Baciocchi también se benefició de las prebendas concedidas por su cuñado, y aunque en los reinos de su esposa, ésta apenas le dejaba mandar, su carrera militar y política se vio impulsada y  además de senador llegó a general de brigada.

Luis (1778-1846) El Bueno. Obligado a casarse con la hija de la emperatriz Josefina, Hortensia, habida de su anterior matrimonio, Luis fue recompensado por su hermano con el reino de Holanda. El buenazo de Luis llegó en 1806 a su reino, y quiso ganarse a sus súbditos con unas palabras en holandés, así en lugar de presentarse como el rey de Holanda, se presentó como el "conejo" de Holanda; a pesar de ello a los holandeses les cayó en gracia. En 1810 se negó a entregar tropas holandesas a su hermano, y este forzó su abdicación. Para los holandeses fue Luis I el Bueno. También fue nombrado conde de Saint-Leu, y en 1810 como premio de consolación Condestable de Francia, título que no le otorgaba ningún poder. Le solicitó a su hermano la devolución de su trono, pero Napoleón se negó siempre. Su hijo sería el futuro Napoleón III.

Paulina (1780-1825) El pendón. La favorita del emperador y más querida fue también la que más problemas le dio con su conducta licenciosa. Con 17 años la casan, después de numerosos amantes, con un general amigo de su hermano, Leclerc; pero el matrimonio no la moderó y siguió cambiando de amante como de vestido. Muerto su marido en 1802, Napoleón la casa con un príncipe italiano, Camilo Borghese en 1803. Si el emperador pensaba en calmar los ardores de su hermana se equivocaba, siguió protagonizando escándalos, posando desnuda para Canova,  acostándose con soldados, y gastando a manos llenas. Fue princesa consorte Borghese, de Sulmona y Rossano; princesa de Francia; y nombrada también por su hermano duquesa y princesa de Guastalla. A pesar de todo fue la única de sus hermanos que visitó en Elba a Napoleón, y empeñó su fortuna para ayudarle. Quiso ser enterrada en el panteón de la familia Borghese entre Papas y con su mejor vestido. Disfrutó hasta el final de lujos y amantes.

Carolina (1782-1839) La ambiciosa. Encaprichada de un general de su hermano, Murat, se casó con él en 1800 a pesar de la oposición inicial de Napoleón. Calificada como celosa de Josefina, extravagante, caprichosa, y ambiciosa, la pequeña de las hermanas Bonaparte consiguió para su marido títulos y posición que ella compartió: Gran Duquesa de Berg y Cleves, y Reina de Nápoles de 1808 a 1815. Sus enfrentamientos con las esposas de su hermano son antológicos, llegando a buscarle una amante al emperador para demostrar que Josefina era la que era infértil, y forzando así el divorcio. Con la segunda esposa de su hermano no le fue mucho mejor. Pero cuando Napoleón fue derrotado aconsejó a su marido que pactara con sus enemigos para poder mantener el trono de Nápoles. Ya viuda en el exilio en el imperio austríaco adoptó el título de Condesa de Lipona (anagrama de Napoli). Uno de sus descendientes es el actor René Auberjonois

Jerónimo (1784-1860) El inútil. El pequeño de los Bonaparte pronto dio muestras de gustarle más las fiestas y los líos que la política o el mundo militar. En 1800 tuvo que salir de la Guardia Consular por verse implicado en un duelo. En 1803 afincado en Estados Unidos decide casarse con una rica heredera, cosa que le sienta fatal a su hermano que tenía planes para forjar alianzas con las casas reales en Europa por medio de matrimonios. Napoleón obligó a Jerónimo a divorciarse, y éste al verse privado de los privilegios y el dinero imperial, aceptó. Como premio se le casó con una princesa alemana, y se les concedió como regalito de bodas el Reino de Westfalia en 1807, y en él se mantuvo hasta 1813. Además de despilfarrar el dinero y obedecer en todo a su hermano, poca cosa más hizo por sus atribulados súbditos. En la campaña de Rusia de 1813 fue puesto al frente de un cuerpo del ejército, y fue tan desastroso, que su propio hermano lo destituyó. Aún tuvo un segundo momento de esplendor cuando su sobrino Napoleón III llegó al poder, y así el inútil de Jerónimo volvió a acumular cargos: Gobernador de los Inválidos, mariscal de campo, y finalmente Presidente del Senado. Además fue Príncipe de Montfort y Príncipe de Francia.

Cardenal Joseph Fesch (1763-1839) El tiíto. El medio hermano de la madre de Napoleón era todo un personaje: especulador, arribista, pirata, y finalmente "modélico" religioso. Su afán por acumular títulos y escalar puestos en la jerarquía eclesiástica sólo fue superado por su afición por las obras de arte que le convirtió en una auténtica ave de rapiña a la hora de hacerse con ellas. Perdida su vocación durante "el Terror" (era eso o perder la cabeza), la recuperó con la llegada al poder de su sobrino: nombrado Arzobispo de Lyon en 1802, seis meses después se le nombró cardenal, y en 1803 embajador de Francia en Roma. Como reconocimiento a sus servicios se le concedió la Legión de Honor, un asiento en el senado, y en 1806 fue nombrado coadjuntor del principe-obispo de Regensburg, y sucesor del mismo. Mientras seguía acumulando pinturas del gótico italiano, de Ticiano, Bellini, o Boticcelli; pintura holandesa, etc., atesorando más de 16.000 cuadros, y una considerable colección de esculturas.

Josefina (1763-1814) La Primera esposa. La historia de Josefina y Napoleón es muy conocida, como para abundar en ella aquí, sólo comentar que no fue tampoco ajena a los premios, títulos y prebendas con que el emperador regalaba a sus allegados. Emperatriz, Reina de Italia, Reina de Navarra fueron los títulos que compartió con su esposo mientras fue su consorte. Tras el divorcio no dejó de gastar y vivir de forma suntuosa a costa del erario público, hasta el punto que su ex-marido, ahora financiador de sus dispendios, llegó a afirmar que lo único que les separaban eran las deudas de Josefina.

María Luisa (1791-1847) La segunda esposa. La hija de Francisco I de Austria fue obligada a casarse en 1810 con Napoleón con el fin de darle un hijo y heredero. Compartió el título de emperatriz con su esposo, y a la derrota de éste, se fue a vivir con su padre a Austria llevándose a su hijo Napoleón con ella. En 1814 se le concedieron los ducados de Parma, Piancenza y Guastalla, que gobernó hasta su muerte, ya que le fueron confirmados por el Tratado de Viena. Fue de los pocos miembros de la familia que conservó el poder, claramente para contentar a su padre. De forma que esta superviviente se benefició de la época napoleónica, y de la era que le sucedió; pues aún llegó a casarse dos veces más, y a su gusto (Se debió de considerar que la pobre ya se había sacrificado bastantes).

Joaquín Murat (1767-1815) El Cuñado. Este hijo de un posadero que dejó los estudios de teología por el ejército, llegó a general con Bonaparte, y al apoyarlo en su golpe de estado se convirtió en uno de sus más importantes colaboradores. Nombrado comandante de la guardia consular, su carrera da un salto cuantitativo cuando se casa con la hermana de Napoleón, Carolina. Asciende a Comandante de la Primera División Militar, gobernador de París, y en 1804 Mariscal y Gran Almirante. En 1806 se recompensan sus servicios con el título de Gran Duque de Berg . En 1808 se convierte en el comandante de los ejércitos de España y Gobernador de Madrid, pero se frustra su intento de ser rey de España por su fracaso ante el levantamiento de mayo. Como premio de consolación se le nombra rey de Napoles. Allí desarrolla una política de "cambiachaquetas", y nunca volvería a gozar del favor imperial. Cuando lo fusilaron pidió que no le dispararan al rostro.

Los Allegados.

Juan A. Junot (1771-1813) La Mano izquierda. El que en un tiempo fue considerado "la mano izquierda" de Napoleón durante la campaña de éste en Italia, pronto pasa a ser menospreciado por casi todos. Si bien inicialmente era un valeroso y frío militar, una herida en la cabeza cambió su carácter, volviéndole impulsivo, agresivo, y un poco desequilibrado.  A pesar de ello Napoleón lo asciende a coronel, general de brigada, aunque le niega el mariscalato, algo que le sienta fatal al impetuoso militar. Nombrado embajador en Portugal, su carrera queda asociada a este país; aunque vuelve a París donde es nombrado Comandante de la ciudad. Se mete en líos, duelos, peleas, y acumula deudas sin fin; para acabar de rematarla se lía con la hermana de Napoleón y esposa de Murat, Carolina, y por poco no se tiene que batir en duelo con éste. El emperador tapa todas sus meteduras, pero le aleja de la corte. Por su campaña en Portugal es nombrado duque de Abrentes, pero cada vez está más desequilibrado. Apartado por Napoleón en 1813 se tira por un balcón, y sólo se rompe una pierna, aunque luego la herida se infecta y ocasiona su muerte.

Luis Alejandro Berthier (1753-1815) La mano derecha. Eficaz e imprescindible, este militar se convirtió en imprescindible para Napoleón, quien siempre lo consideró su mano derecha. Con el Consulado, Napoleón le confía el Ministerio de Guerra. A la proclamación del Imperio, Berthier recibe el título de Primer Mariscal de Francia. Hecho duque de Valengin en 1806, Príncipe de Neuchatel, y un año después Vice-Condestable de Francia. En 1809 Napoleón lo casa con María de Baviera y lo nombra Príncipe de Wagram. Pero con la Restauración comienza el declive, a pesar de reconciliarse con Luis XVIII que le nombra Par de Francia. Cuando Napoleón intenta su regreso, sus lealtades están divididas, duda, se mantiene a la espera,  y pierde la confianza de los dos bandos. En 1815 se cae, se tira, o lo tiran desde una ventana. La mano derecha tampoco sobrevive a la caída.

Luis Nicolás Davout (1770-1823) El Invicto. Davout fue nombrado Mariscal por Napoleón  en 1804. En 1808 Napoleon lo hizo Duque de Auerstädt En 1809 sus repetidas  victorias al servicio del emperador fueron premiadas con el Principado de Eckmühl, al menos en este caso merecido, puesto que fue de los pocos mariscales que se retiró sin perder una batalla en 1813, lo cual no impidió que se rindiera en Waterloo a pesar de la superioridad de sus fuerzas. Fue de los pocos generales en no jurar a los Bórbones en la primera Restauración. Cuando Napoleón volvió de Elba fue nombrado Ministro de la Guerra. Con la derrota se retiró a sus tierras de Savigny-Sur-Orge en 1815, y en 1822 fue nombrado alcalde de esta localidad.

Juan Bautista Bernadotte (1764-1844). El traidor.  Bernadotte se casó con la cuñada de José y antigua novia de Napoleón, Desiré, en 1798, y aunque no apoyó el golpe de Estado de Napolón con el advenimiento del Imperio fue nombrado Mariscal. Entre 1804 y 1805 gobernó Hanover, y recibió, como recompensa a sus servicios prestados en la zona, el Principado de Ponte Corvo en 1806. Nombrado gobernador de los pueblos Hanseáticos participó en la campaña contra Suecia. Entonces se hizo popular en Suecia, por su conducta con los presos. Tildado de envidioso e intrigante por los bonapartistas, fue elegido por el rey de Suecia como posible sucesor a la corona, temiendo un futuro ataque ruso, y viendo que el ejército necesitaba un militar capaz al frente. Napoleón consideró la oferta un absurdo y la rechazó. Pero el mariscal Bernadotte decidió aceptar la propuesta y en 1810 se presentó en Suecia, donde se le nombró Príncipe y pasó a controlar la política exterior del país. En 1813 se alió con Inglaterra y Prusia en contra de Francia. Trazó planes de defensas de los aliados, y llegó a enfrentarse a sus antiguos camaradas Oudinot y Ney. En 1818 fue proclamado rey como Carlos XIV Juan de Suecia y III de Noruega. Aquel que en su cuerpo llevaba tatuado "Muerte a los reyes" se convirtió él mismo en el iniciador de una dinastía.

Miguel Ney (1769-1815) El rubicundo. El pelirrojo Ney era hijo de un tonelero que comenzó su carrera como dependiente y vendedor, pero pronto se pasó al ejército donde se convirtió en uno de los militares mejor valorados por sus compañeros. Es su mujer, íntima amiga de la hija de Josefina, quien le anima a unir su destino al de Napoleón, y el militarote simpático y franco que en principio no veía con buenos ojos al corso, se volvió uno de sus más fieles mariscales. El hosco Napoleón quedó impresionado con Ney a quien nombra mariscal en 1804. En 1808 será nombrado Duque de Elchingen. Durante la campaña de Rusia la extrema valentía del arrojado Ney le ganan la admiración de todos. Su emperador le nombra Príncipe de Moscova, título que no le valdrá de mucho cuando los rusos quemen su capital. Moriría ejecutado en 1815 tras pasarse a Napoleón en su regreso de Elba.

Andrés Massena (1758-1817) El corrupto. Massena es nombrado mariscal por Napoleón en 1804 a pesar de ser un militar que no gozaba de las simpatías de sus soldados e iguales. El emperador sin embargo ve en él habilidades para la batalla y las aprovecha. Le encarga la conquista de Napoles, y Massena la realiza, pero con gran crueldad, eso y las acusaciones de corrupción hacen que sea destituido. En 1807 lo vuelve a utilizar en la campaña de Polonia, que desempeña con gran éxito ganándose el título de Duque de Rivoli, una nueva acusación de corrupción, y de nuevo una destitución. En 1809 vuelve a estar al mando en la campaña del Danubio contra los austríacos a quienes aplasta.. Ahora es elevado a la categoría de príncipe, Príncipe de Essling. Enviado a Portugal vuelve a hacer de las suyas, y de nuevo se le destituye. Al final se le nombra comandante local de Marsella de donde ya no se movió. Con la Restauración y la fuga de Napoleón, Massena se queda tranquilamente en su puesto sin hacer nada. Nadie le mueve de allí. Cuando le llaman para juzgar a Ney tras la derrota de Waterloo, no lo duda.

Napoleón colocó a familiares y amigos en puestos de importancia, recompensó servicios y fidelidad con títulos y condecoraciones que aparejaban rentas, territorios y beneficios. Repartió Europa como si fuese su jardín particular: Francia, España, Italia, Alemania...sólo eran porciones de una tarta que repartía a su antojo. Ducados, ministerios, y altos cargos fueron distribuidos entre aliados y amigos: Talleyrand, Cambacéres, Fouché, Lannes, Villeneuve, Marmont, su amigo de la escuela Bourrienne fueron algunos de los que recompensó, utilizó, o le utilizaron a conveniencia. Desgraciadamente años después los recursos de las naciones no han dejado de ser esquilmados por gobernantes prepotentes que los reparten entre familiares y amigos como si fueran suyos y no de todo un pueblo.   

EL VERDADERO JAMES BOND

REILLY, AS DE ESPÍAS


Título Original: Reilly, Ace of Spies


Año: 1983


Nº de Episodios: 12 (720 min.)


País: Inglaterra


Director: M. Campbell y J. Goddard


Reparto: Sam Neill, Michael Bryant, Norman Rodway, Tom Bell, Hugh Fraser, Jeananne Crowley, Clive Merrison.


En 1901 un imperturbable ingles viaja en tren en dirección a Baku en Rusia. Un grupo de jinetes para el tren y obliga al viajero a acompañarles. En Baku el joven es interrogado por la policía. Se le pone en libertad no sin antes advertirle que sus movimientos van a ser permanentemente vigilados, pero el joven profesor no pierde su británica flema. Debe abandonar el país con unos documentos que ha de entregar en Inglaterra, pero la estrecha vigilancia a que lo someten le impide huir, para ello no dudará en utilizar la ayuda de una mujer casada con quien pasa la noche. Una vez que ha conseguido escapar, abandonando a su suerte a la joven, y tras matar a un policía ruso, consigue completar su misión, pero no sin escandalizar a la puritana sociedad inglesa, que no perdonarán un comportamiento tan poco caballeroso.

La serie a lo largo de sus doce capítulos sigue las andanzas de Sidney Rosenblum, alias Reilly, un eficaz espía al servicio de Inglaterra, que no duda en utilizar cualquier método para conseguir sus objetivos y completar su misión. Really es un hombre de recursos, astuto, mujeriego, de nervios de acero, pero sobre todo con pocos escrúpulos, actitud esta última que le enfrenta en ocasiones a sus superiores, que no comparten su visión del mundo del espionaje. Really sienta las bases de una nueva clase de espía, alguien dispuesto a todo sin importar las consecuencias... para los demás, claro está. Si hay que destrozar la reputación de una mujer para huir, pues se usa; que se tiene que sacrificar a un compañero para conseguir unos planos, pues se le sacrifica.

Desde 1901 en Baku hasta 1925 acompañamos a Really a través de medio mundo: Rusia, Manchuria, América, Alemania, Francia, y por supuesto Inglaterra, entre otros lugares, son los escenarios de sus andanzas, que si hemos de creer a sus biógrafos son en general verídicas. Sus aventuras le convierten en testigo y a veces promotor de los hechos históricos que marcaron el principio del siglo XX. Personajes y situaciones de todo tipo desfilan por los capítulos de la serie: Lenin, Stalin, la guerra ruso japonesa, la revolución bolchevique... y convierten a la serie en un interesante fresco histórico sobre los principios del espionaje moderno.

Ian Fleming  el creador del espía de ficción más conocido, James Bond, afirmó en una ocasión haberse basado para su criatura en la historia real de este super espía, Reilly. Pero que nadie se llame a engaño, "Really, as de espías", no es una serie de acción, con bellas mujeres, explosiones, villanos con gato, o martinis mezclados no agitados; es una serie de intrigas políticas, de intereses económicos que impulsan a las naciones, de un hombre que por encima de países o ideas, sólo es leal a si mismo y a sus intereses.

La realización de la serie es la típica de series de parecida factura de la BBC de los años 80, más cercanas a obritas de teatro, que a espectáculos pirotécnicos. Pocos medios, buenos actores, muchos interiores, primando los diálogos por encima de la acción, pero con unos guiones muy cuidados que capturan en seguida la atención del aficionado a este tipo de historias. Abstenerse fans de los espías superheroes con artilugios para todo, pues Really es un hombre normal, eso sí capaz de salir indemne de casi todo.

EL DESMADRE DE TOULOUSE

EL BURDEL DE LAS MUSAS



Título Original: Le Bordel des Muses/ Le Cabaret des Muses


Guionista: Gradimir Smudja


Dibujante: Gradimir Smudja


Año de Publicación: 2003-2008


País: Serbia





El Conde Henri de Toulouse-Lautrec visita los cabarets de Paris, deambula por los ambientes bohemios y disfruta de la vida sin limitaciones, lo mismo se cuelga de la pierna de una bailarina que se reta a duelo de botellas de champán con un militar como Dreyfuss, pinta garabatos en los manteles y hasta en las calvas de los señores, mientras se codea con pintores, artistas, y gentes de diferente pelaje. En 1888 en Paris todo puede pasar, y el pequeño conde es a veces un titere de los acontecimientos y otras es él quien tira de los hilos. Los sueños se mezclan con la realidad mientras Riri (el propio Toulouse) vaga por un fin de siglo plagado de creatividad.

El dibujante y guionista serbio Gradimir Smudja realiza en "El burdel de las musas" (rebautizada como "El cabaret de las musas") uno de esos cómics sorprendentes, extraños e irrepetibles, podrás amarlo u odiarlo, pero seguro que no te dejará indiferente. Alejado de cualquier etiqueta que podamos ponerle, la serie que inaugura el primer volumen, rompe esquemas. Casi sin guión, o con un guión delirante, el mini personaje de Toulouse-Lautrec sirve como excusa para presentarnos artistas, personajes, situaciones y estilos pictóricos absolutamente diversos y dispares. Oscar Wilde, Van Gogh, Degas, Rodin, Monet...y hasta se permite enamorarse en el segundo volumen de Audry Hepburn. El resultado es como mínimo delirante.

Con cuatro volúmenes publicados, de los cuales sólo dos han llegado a España, el artista serbio da una personalisima visión del ambiente artístico de finales del siglo XIX, paseándonos por la bohemia parisina de la mano de un personaje esperpéntico que a modo de cicerone nos guía por lugares y situaciones en un pandemonium incohente pero encantador. El guionista y dibujante se autodefine como artista esquizofrénico y paranoico, y esta definición impregna en algunos trazos su propia creación. Que nadie espere un cómic al uso con una estructura definida y un esquema compositivo cerrado, Smudja está por encima de eso; sus cómics son para amantes del arte de mente abierta dispuestos a dejarse conducir a una locura disparatada, a veces confusa pero siempre divertida. Entretenerse en sus paginas es descubrir cientos de detalles, miles de guiños, cambios de estilo de acorde al nuevo personaje presentado, y todo envuelto en chistes o situaciones más o menos cómicas de una simplicidad sólo aparente.

Para el recuerdo quedan las paginas del encuentro del protagonista con Degas o con Seurat, padre del puntillismo y mostrado en el cómic como un obseso de los puntos. El impresionismo, el puntillismo o el surrealismo, por poner sólo unos ejemplos, se dan la mano y se entrelazan en las sorprendentes páginas de esta peculiar serie.   

EL HUNDIMIENTO DEL MAINE

1898: LA TRAMA


Título Original: La Trama


Autor: Carlos Alberto Montaner


Año de Publicación: 1997


País: Cuba


Marco Temporal: 1878-1898


Marco Espacial: Estados Unidos, Cuba


En 1878 procedente de Hamburgo el joven judío Marcus Stein intenta llegar a Norteamérica para empezar una nueva vida. Ese mismo año desde Jamaica la joven cubana Paola Henríquez pretende conseguir un visado para entrar en Norteamérica escapando de los  estragos de la guerra. Dieciocho años después ambos jóvenes están casados y viven en Chicago. El sueño americano se ha roto, y el joven matrimonio coquetea con los elementos anarquistas de la ciudad. Marcus se ve arrastrado por los acontecimientos y sin apenas darse cuenta se encuentra inmerso en las sangrientas jornadas de mayo de 1886  en Chicago, en las cuales tendrá un papel determinante. La figura del ex-amante de Paola, Victor Rey, y el reencuentro entre ambos tendrá consecuencias imprevisibles.

En la novela se siguen las andanzas de un matrimonio que desde 1878 hasta 1898 comparten vida y huida de los agentes de Pinkerton en una obsesiva fuga que les acerca cada vez más a aquellos ambientes y situaciones de las que comenzaron a escapar. El anarquismo, los movimientos de liberación de Cuba, el movimiento obrero en América, los intereses americanos y españoles en Cuba, son algunos de los aspectos tratados en la narración. Sin abundar ni profundizara demasiado en el contexto histórico, el autor va dando ligeras pinceladas que nos colocan en el final del siglo XIX.

La odisea vital de Marcus y Paola, tema central de la narración, será quizás lo que al final menos nos interese de la narración, y sí aquellas situaciones y personajes con los que se cruzan a lo largo de su vida. Las referencias a José Martí, el general Weyler, o el propio Teddy Roosevelt, entre otros, aunque escasas y superficiales son lo que hace más interesante la novela.

Montaner alega que la historia se basa en un relato oído por él en la infancia, y que explicaba definitivamente la mano tras el hundimiento del buque "Maine", que provocaría la entrada de los Estados Unidos en la Guerra de 1898. El intento de casar la historia personal de los implicados con el devenir de la Historia es lo que en ocasiones lastra la narración, y para los aficionados al relato histórico es el punto débil de la narración. Cuando piensas que vas a conocer más en profundidad el contexto o los personajes de la época, los protagonistas se dan a la fuga, se pierden en sus problemas personales, y te quedas con un palmo de narices. El escritor pone muchas cosas en marcha pero a mi entender desaprovecha la mayoría en aras de explicar como la historia que le narraron cobre sentido, y como los personajes se vieron embarcados en semejante lío. Aún así la novela, que no es muy extensa, es fácil de leer e interesante por su temática. En definitiva se trata de una lectura ligera con la que aproximarnos algo más al contexto en que se va a preparar la que sería la última guerra colonial de España.  

LA REBELIÓN DE LOS BOXERS

55 DÍAS EN PEKÍN


Título Original:55 Days at Peking

Año: 1963

Duración: 154 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Nicholas Ray

Reparto: Charlton Heston, Ava Gardner, David Niven, Robert Helpmann, Flora Robson, Leo Genn, John Ireland, Philippe Leroy, Elizabeth Sellars, Alfredo Mayo 

Marco Temporal: 1900

Marco Espacial: China


Pekín. China. El verano del año 1900. China ha sufrido malas cosechas y hambres, y los aires de rebelión recorren todo el país. Mientras un millar de extranjeros viven dentro del recinto internacional pertenecientes a una docena de diferentes países lejanos, inconscientes del creciente descontento que su presencia genera en un grupo de rebeldes conocidos como los boxers; la emperatriz viuda gobierna desde la ciudad prohibida, y no ve con malos ojos los avances de los rebeldes. Un mayor del ejercito americano, un diplomático británico, y una aristócrata rusa venida a menos entrelazarán sus destinos dentro de la zona de las legaciones, mientras los rebeldes chinos se preparan para el asalto.

Las guerras del opio del siglo XIX había impuesto a China la no deseada presencia de los extranjeros, y una política colonial impuesta a golpes, la llamada "política de las cañoneras". Los "Boxers" responden a un sentimiento nacionalista que quiere deshacerse de la influencia extranjera empezando por los cristianos, y continuando con todos sus intereses económicos como las concesiones mineras o de ferrocarriles que sufren sus ataques. Pronto los ataques se hacen más importantes y audaces, y su ejército llega a los 20.000 hombres. La emperatriz Tse Hi mientras garantiza la seguridad de los diplomáticos, protege a los boxers. El 20 de junio de 1900 el embajador alemán es asesinado en plena calle.

El film rodado en España cuenta los 55 días que el recinto diplomático de Pekín aguantó el asalto de los boxers a la espera de la ansiada ayuda internacional. Presentado desde el punto de vista occidental, al fin y al cabo la película es una superproducción de Hollywood, la historia se convierte en una épica aventura donde brillan en todo su esplendor los tres magníficos protagonistas. Un David Niven interpretando al perfecto caballero ingles, algo en lo que era especialista y que se nota en la película. Charlton Heston, alias "Caradepiedra", haciendo de duro americano recién salido de las praderas de escabechar indios o chinos (para el caso es lo mismo), eso sí con su oculto corazoncito; es decir, haciendo de Heston. Y finalmente una Ava Gardner interpretando, ¡como no! a una mujer fatal, aunque ya en sus últimas horas, más cercana a la botella que a los corazones masculinos. En resumidas cuentas un casting absolutamente acertado, de esos casi irrepetibles.

A pesar de ser un film americano y de los años 60, lo cual se deja ver en el tratamiento maniqueo de ciertos personajes, por ejemplo el embajador ruso (casi peor que los boxers), la narración es muy interesante, el guión es más que correcto, y la interpretación sobresaliente. Todo eso convierte a "55 días en Pekín" en uno de esas películas de obligado visionado para todos los amantes del cine en general, y del cine histórico en particular. Si completamos su visionado con el pase previo de películas como "Las guerra del opio" o "Taipan", por citar dos, tendremos una visión fílmica interesante del colonialismo en China.

Como prácticamente todas las superproducciones americanas de este estilo, "55 días en Pekín" rezuma espectacularidad, grandiosidad y una cierta morosidad en el desarrollo, algo poco adecuado para las impacientes nuevas generaciones, pero si uno se arma de paciencia y se recrea en los detalles, se goza de una gran película, aunque muchos chinos sean de pega ( En España no había suficientes y se tuvieron que reclutar por toda Europa sacándolos de restaurantes y lavanderías), así la mayoría de los actores que encarnan a personajes chinos de importancia son occidentales abundantemente maquillados, ¡hasta la propia emperatriz!