ORANDO POR LA PAZ

Orando por la paz. Takashi Nagai.
DESDE NAGASAKI 

Aprovechando que tal día como hoy estalló una bomba atómica en Nagasaki voy a aprovechar para contar una pequeña historia de como hoy una familia en la ciudad donde yo vivo no puede evitar recordar el trágico acontecimiento histórico. Miles de kilómetros, una raza, una cultura, y los muchos años transcurridos, los separan, pero al contemplar un pequeño cuadro todo eso se olvida, y al otro lado del mundo se recuerda la historia de un pequeño pero inmenso japonés.

Pablo Takashi Nagai. 1946.
En el año 2006 fallecía Don Alfonso Carbonell, quien había sido en los años 50 del pasado siglo director de la pequeña editorial Marfil, sita en la ciudad de Alcoy (provincia de Alicante, España). Entre su legado, además de numerosa correspondencia con personalidades de la bohemia del momento, dejaba a su nieta, actualmente afincada en La Coruña, un pequeño dibujo que muestra a una joven japonesa vestida con el tradicional kimono con las manos juntas en la típica postura de rezo y con unas palabras en grafía japonesa a modo de aclaración lateral. El anciano no supo muy bien explicarle en su día a la familia que decían las palabras ni el destino de quien le había enviado la curiosa pintura. Sólo recordaba que durante un tiempo se había carteado en francés con un amable japonés que quería que la editorial le publicara su libro, pues él había sobrevivido a Nagasaki y no encontraba editor en España. Don Alfonso suponía que el hombre finalmente habría fallecido pues le sabía enfermo a resultas de su exposición a la letal radiación. Por mucho que buscó en esos años y en su zona fue imposible encontrar un traductor para el libro, y jamás pudo publicar el manuscrito. Sin embargo durante un tiempo se carteó con el doctor nipón hasta que la correspondencia cesó bruscamente. En una de sus últimas cartas el hombre le envió como regalo por su amable interés el curioso dibujo que el editor se apresuró a enmarcar. Sería mucho tiempo después su nieta quien sirviéndose de los servicios de una japonesa conocida de una amiga quien traduciría los glifos nipones. La orante además de la firma en rojo del dibujante venía acompañada de una emotiva frase: "orando por la paz". ¿Qué historia se ocultaría tras ese dibujo? Solo al heredarlo y darle la vuelta al cuadro se descubrió en una nota mecanografiada el nombre del autor: "Pablo Takashi Nagai." 

Los tiempos de internet y la red de redes habían llegado, y aunque Don Alfonso nunca pudo saber que fue de su amigo japonés, su nieta sin embargo se encontró con la sorpresa de su vida: Takashi Nagai podía ser casi un desconocido en España, pero no era así en su país, y su historia aunque brevemente vale la pena contarla.

Midori, Takashi y su hijo Makoto
Takashi Nagai nació en 1908 en Matsue, una ciudad al sur de Japón. Su familia paterna practicaba la medicina tradicional y su madre descendía de una familia de samurais. Comenzó a estudiar medicina, y cuando en el año 1932 terminó, una enfermedad le dejó parcialmente sordo, por lo que decidió ejercer como radiólogo a pesar de las altas tasas de mortalidad entre los especialistas. Pero durante sus estudios de medicina convivió como pensionista con una familia japonesa católica. La madre de Takashi muere en 1930 y él después acudir a su lecho de muerte se empieza a interesar por la religión que practica su familia de acogida. Los Moriyama habían sido católicos durante generaciones, y su larga tradición les había llevado a practicar  su religión incluso cuando estaba había estado prohibida. La hija del matrimonio, Midori había heredado un rosario familiar que conservaba como una reliquia. Una noche de diciembre la niña se pone con fiebre y el joven médico diagnostica una apendicitis aguda. Se llama al hospital para prevenirles de que preparen el quirófano para una operación de urgencia, el propio Takashi llama a un amigo para que realice la apendicectomía, pero la nieve bloquea los caminos y el taxi no llegará a tiempo; Takashi carga en brazos con la niña y la lleva andando al hospital mientras su padre ilumina el camino con una linterna. Midori Moriyama se salva, y entre Takashi y los Moriyama se establecerán unos lazos que ya jamás se romperán. Cuando el joven médico es llamado a filas y parte en 1933 a Manchuria, Midori le envía en un paquete un pequeño catecismo.

Takashi, Midori, Makoto y Kayano
Los horrores de la guerra y el trato que el ejército japonés infringe a los chinos cambia para siempre al doctor. En 1934 Takashi regresa de la campaña y se convierte al catolicismo, luego se casa con aquella joven que había salvado una noche de diciembre. Bautizado como Pablo Takashi y casado con María Midori tienen varios hijos. Volvió a ser movilizado durante la guerra chino japonesa del año 1937 a 1939. A su vuelta a Japón trabaja en el servicio de radiografía de Nagasaki. Entonces estalla la Segunda Guerra Mundial, y el trabajo en los sótanos del hospital y facultad de medicina se multiplica. Un día el doctor descubre los síntomas de la enfermedad en su cuerpo. Es el mes de junio de 1945, y cuando un compañero hace sus radiografías, descubre que padece leucemia, el diagnóstico le da como mucho tres años de vida.

El final de la guerra se acerca, y Takashi se entera de que una bomba ha arrasado Hiroshima. Él y Midori deciden enviar a los niños al campo con su abuela. El 8 de agosto Takashi se despide de su esposa tiene turno doble en el hospital y trabajará por la noche. Cuando vuelve a casa a por el almuerzo que se había olvidado, se encuentra a su mujer llorando. Se abrazan, la consuela, y se dicen adiós. Un adiós que sería el último para muchas familias en Nagasaki.

El 9 de agosto a las 11 y cinco cae la segunda bomba atómica sobre Japón. El horror se desata sobre Nagasaki, una ciudad con una importante población católica. La catedral y el barrio católico son las zonas más afectadas. En el hospital Takashi es lanzado por la fuerza de la explosión contra la pared, cristales rotos se clavan en su cuerpo y su ropa, la sangre cae desde un profundo corte en su sien, los escombros cubren la sala devastada. Cuando se recupera y sale de entre los escombros descubre el dantesco espectáculo que ha provocado la bomba: gente ardiendo, quemados, heridos o mutilados por los escombros, la mayoría sin ropa o con ella pegada al cuerpo. Algunos médicos y enfermeras del hospital han sobrevivido porque el edificio estaba realizado con hormigón armado, pero tienen que desalojarlo. Takashi encabeza una triste procesión alejándose de la terrible devastación. Ya no hay vendas ni casi medicamentos, sólo el fuego que lo devora todo. 9000º de temperatura han dejado una estela de muertos, 72.000, y más de 100.000 heridos. El propio doctor ha evacuado a un herido sobre sus espaldas. Durante tres días el doctor Nagai no para de atender a los heridos, ya que el 70% de los médicos han muerto y con ellos el 80 % de las enfermeras.

El rosario de Midori.
El día 11 por fin Takashi puede acudir a su casa. El lugar está destruido, ya sólo quedan ruinas y le cuesta reconocer su vivienda. Takashi revuelve entre la ceniza y los escombros, reconoce la cocina por los fragmentos de platos y tazas, y entonces ve brillar algo, son unos huesos, los restos de su mujer Midori. Entre los dedos de la mano sujeta el rosario familiar. El doctor intenta recoger el cadáver de su esposa, los huesos aún están calientes, pero se deshacen en sus manos cuando los toca. Con cuidado reúne lo poco que consigue salvar del cuerpo de Midori, algunos huesos, ceniza, y los restos del rosario, y los mete en un recipiente metálico. María Midori tenía 37 años.

Desde ese momento se produce la transformación total del doctor quien se convertirá en un apóstol de la paz y de la reconciliación. Mientras en Hiroshima los discursos rezuman un odio lógico y claman por la venganza, en Nagasaki se produce un extraño fenómeno que encabeza el propio Takashi, la lucha por la paz y por el perdón, pero sin olvidar lo sucedido para que no se vuelva a repetir en ningún lugar del mundo. De los restos de la catedral se recupera una campana que los supervivientes cuelgan de un travesaño y hacen sonar para llamar al rezo. El sonido de la campana se convertirá en un símbolo para los habitantes de Nagasaki, un símbolo de renacimiento y reconstrucción.

Catedral de Urakami. Nagasaki.
Takashi, enfermo de leucemia, sabe que le queda poco tiempo de vida, y decide no abandonar ya el barrio de Urakami, la zona cero del estallido. Se hace construir una chabola y vive allí, postrado en su jergón, sometido a la radiación que ya antes le había condenado a muerte, y escribiendo sus impresiones en un libro que titulará "Las campanas de Nagazaki". "Mi deber es escribir", "A los habitantes de Nagasaki les toca rehacer la ciudad, pero lo mío es escribir para apoyar esa reconstrucción y asegurar una paz duradera".

Enfermo y retirado a su casuca, Takashi vive cultivando una pequeña huerta, y recibiendo a las gentes que se presentan a visitarlo. Él prefiere dedicar el poco tiempo que le queda a escribir, pero recibe a todos con una sonrisa, a pesar de que a medida que pasa el tiempo apenas se puede mover y suele superar los 38º de fiebre. Contesta todas las cartas y las acompaña de notas de buen humor y dibujos realizados por él mismo. Pero su libro tiene dificultades para publicarse. Nagai pone todo su empeño en que sus impresiones sobre la bomba, los efectos de la radiación, y sus pensamientos y reflexiones lleguen a todo el mundo, pero en 1948 nadie quiere que les recuerden la tragedia de Nagasaki. En octubre de 1948, Helen Keller famosa por haber superado su triple discapacidad, ciega, sorda y muda, llega desde América y visita al antiguo médico. Por fin consigue que le empiecen a publicar su libro, y se convierte en un éxito, luego vienen otros. Con el dinero cobrado por uno de ellos planta 1000 cerezos en el distrito Urakami. Aún hoy los cerezos de esa zona se llaman los 1000 cerezos de Nagai, aunque posiblemente no quede ninguno de los originales.

El doctor Nagai en su casita de la zona cero. 
En el año 1950 Takashi Nagai sigue vivo y empeñado en que "Las campanas de Nagasaki" se lea en todo el mundo. Por eso intenta encontrar editores que publiquen su libro en los principales idiomas del mundo. En España no consigue editor y es así como entra en contacto con don Alfonso y la humilde editorial Marfil. Los intentos de ambos hombres no prosperan, pero durante un tiempo mantuvieron una cordial correspondencia. Unas navidades, seguramente las últimas de Takashi, éste felicita al español y le envía un dibujo firmado por él. Luego se corta todo contacto. Takashi Nagai fallece el 1 de mayo de 1951 en la facultad de Medicina de Nagasaki a la cual había donado su cuerpo para que estudiaran en él los efectos prolongados de la radiación. 20.000 personas acuden al entierro del buen doctor, suenan por él las campanas de Nagasaki, y en todo Japón se guarda un minuto de silencio. Hoy en Nagasaki el Museo dedicado a Takashi Nagai es dirigido por su nieto.

En España una familia contempla a menudo el dibujo firmado por el doctor japonés, ese que él mismo tituló "Orando por la paz", y se preguntan si estarán viendo el retrato de María Midori tal y como el el joven médico la conoció, y sobre todo en un día como hoy, 9 de agosto, no pueden evitar estremecerse y recordar que en tragedias como la de Nagasaki las víctimas tienen nombre propio y detrás de cada una de ellas hay una historia.  

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